Responder a: El dilema oculto de las infraestructuras costeras
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Puntos B10
Presentación
Hola a todos. Mi nombre es Aldrin Monroy Rospigliosi, soy biólogo investigador en el Instituto del Mar del Perú (IMARPE), sede Ilo, especializado en la evaluación de recursos hidrobiológicos y en el monitoreo de contaminantes marinos. Me uní a este curso para profundizar en herramientas conceptuales y metodológicas que nos permitan entender mejor la interacción entre las intervenciones humanas y la dinámica de los ecosistemas marino-costeros, un desafío crítico para la gestión sostenible de nuestras costas.
Reflexión y Debate
Desde mi perspectiva como investigador del medio marino, no considerar una obra como un error original (si respondió a una necesidad urgente de seguridad o conectividad bajo el conocimiento técnico de su época), pero sí cometer un error crítico y de omisión al perpetuar su operación y mantenimiento cuando los impactos negativos acumulativos ya han sido evidenciados por la ciencia.
Para argumentar esta postura, podemos analizarlo desde tres dimensiones clave:
1. La perspectiva histórica y la limitación del conocimiento
Las grandes infraestructuras costeras del siglo XX, como el caso de las escolleras en Veracruz, se diseñaron bajo paradigmas de ingeniería dura (estructuras rígidas para contener o desviar la energía del mar). En su momento histórico, priorizar la operatividad portuaria y la seguridad de la navegación respondía a una necesidad socioeconómica legítima. Juzgar esa decisión inicial con el conocimiento actual de la dinámica costera puede ser un anacronismo. El verdadero fallo en esa fase no fue la obra en sí, sino la ausencia de estudios de impacto ambiental y de dinámica litoral, una omisión histórica que hoy se repite en muchas regiones de Latinoamérica.
2. El colapso sistémico y el falso concepto de «protección»
El texto expone una paradoja ecológica y económica fundamental: al alterar la deriva litoral, las escolleras bloquearon el flujo natural de sedimentos, destruyendo las dunas y los manglares que amortiguaban la energía marina. Como resultado, el propio puerto quedó más expuesto a los eventos meteorológicos extremos (como los «nortes»). Esto demuestra una falacia en la planificación a largo plazo: ninguna infraestructura puede considerarse permanentemente protectora si su funcionamiento destruye los amortiguadores naturales que la propia naturaleza proveía de forma gratuita y resiliente.
3. La responsabilidad ambiental actual
Mantener una infraestructura obsoleta o perjudicial bajo la justificación de que «en el pasado funcionó» representa una negligencia técnica y administrativa. La gestión costera moderna exige pasar de la defensa rígida a la adaptación basada en ecosistemas (AbE) y a soluciones de ingeniería blanda (como la restauración de dunas, alimentación artificial de playas o rediseño de obras portuarias con permeabilidad hidrodinámica).
Conclusión
La infraestructura construida a mediados del siglo pasado cumplió una función temporal, pero hoy el verdadero error, y la mayor irresponsabilidad es la inacción ante la evidencia científica. La planeación a largo plazo nos obliga a planificar estrategias de desmantelamiento, reconversión o mitigación (como las propuestas de ingeniería con enfoque ecosistémico). Continuar subsidiando el mantenimiento de estructuras que erosionan las playas, colapsan pesquerías artesanales y desprotegen a los mismos asentamientos humanos es ignorar que la sostenibilidad económica de la zona costera es indisociable de la salud de sus ecosistemas.
