Antes de ver esta asignatura (diseño y prototipado), yo pensaba que para tener una buena idea había que pensar mucho y encontrar algo que funcionara desde el principio. Para mí, una mala idea era simplemente una idea que no servía. Pero a lo largo del curso, con las actividades que hemos ido haciendo, empecé a verlo de otra forma. Ahora pienso que una mala idea puede ser necesaria porque muchas veces nos ayuda a encontrar una mejor.
Yo creo que a veces tenemos miedo de decir lo que pensamos porque creemos que los demás pueden decir que está mal. Me pasa mucho. Cuando estoy trabajando en grupo, a veces tengo una propuesta, pero antes de decirla pienso si realmente es buena o si los demás van a estar de acuerdo. Al final, uno puede terminar no diciendo nada por miedo a equivocarse. Poco a poco entendí que no todo tiene que salir bien a la primera.
Una de las cosas que más me hizo pensar en esto fueron las actividades en las que teníamos que sacar varias propuestas y después escoger las que podían funcionar mejor. Cuando empezamos, algunas parecían buenas, pero después nos dábamos cuenta de que eran difíciles de realizar, necesitaban muchos recursos o no solucionaban realmente el problema. Aunque algunas fueron descartadas, sí nos ayudaron porque pudimos compararlas y pensar en otras opciones.
Un ejemplo claro fue la actividad de la semana 8 en la que tuvimos que pasar de 15 ideas a solamente tres. Tener tantas opciones al principio parecía algo bueno, pero después tuvimos que analizarlas y decidir cuáles nos podían funcionar mejor. Algunas quedaron fuera porque no eran tan fáciles de realizar o porque necesitaban demasiados cambios. Eso me hizo entender que una propuesta no tiene que llegar hasta el final para ser útil. También puede servir para descubrir qué queremos y qué debemos mejorar.
Además, cuando trabajamos en grupo, cada uno puede ver las cosas de forma diferente. Una propuesta que al principio no parece tan buena puede cambiar cuando alguien agrega otra idea o modifica una parte. Esto me parece importante porque demuestra que muchas veces una buena solución se construye entre varias personas.
También aprendí que no siempre tenemos claro qué puede funcionar desde el principio. A veces necesitamos probar diferentes opciones, cambiar algunas cosas y ver qué resultado nos da. Eso me enseñó a tener más paciencia con mis propias ideas y a no descartarlas tan rápido.
Por eso, ahora creo que es mejor compartir nuestras ideas, aunque no estemos muy seguros de ellas. Tal vez no funcionen, pero pueden abrirnos otro camino. Para mí, esa es una de las mayores enseñanzas que me ha dado el curso: no tener miedo de probar.
En conclusión, una mala idea puede ser el comienzo de una buena porque nos permite aprender, cambiar y buscar otras opciones. Después de las actividades realizadas en clase, entendí que no siempre se trata de acertar a la primera. A veces tenemos que equivocarnos para descubrir qué funciona realmente. Por eso, ahora no veo una mala idea solamente como algo que no sirve, sino como una oportunidad para llegar a algo mucho mejor.
T0 dieron "Me gusta"Publicado en Diseño y Prototipado





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