El problema: cuando el plástico regresa del mar
Santa Marta, Colombia, es una ciudad costera donde el turismo y la pesca son actividades importantes para muchas familias. Sin embargo, la acumulación de residuos plásticos representa un problema ambiental y económico. Un ejemplo ocurrió en marzo de 2025, cuando una jornada de limpieza en la playa Los Cocos y la desembocadura del río Manzanares permitió retirar 1,5 toneladas de residuos, entre ellos plásticos de un solo uso, botellas y envases. (ESSMAR, 2025).
La situación también preocupa en la pesca. Una investigación realizada en la Ciénaga Grande de Santa Marta detectó microplásticos en el tracto digestivo de 100 de los 474 peces analizados. Esto demuestra que la contaminación ha llegado a especies de importancia comercial y plantea interrogantes sobre sus efectos en los ecosistemas y la cadena alimentaria. Aunque todavía se investiga el impacto exacto en la salud humana, es importante prevenir esta contaminación.
Turismo: Los residuos acumulados en las playas afectan el paisaje, pueden representar riesgos sanitarios y perjudican la experiencia de los visitantes.
Pesca: Los plásticos y las redes abandonadas pueden dañar los ecosistemas, afectar a los animales marinos y generar pérdidas para los pescadores.
Consumo local: Los envases, vasos y bolsas desechables aumentan la cantidad de basura que termina en las calles, los ríos y el mar.
¿Quiénes deben participar?
Considero que esta situación no puede solucionarse únicamente con jornadas de limpieza. Es necesaria la participación de la Alcaldía, los pescadores artesanales, los hoteles, los restaurantes, los comerciantes, las empresas recicladoras, las universidades y los habitantes. Cada actor tiene una responsabilidad, desde reducir los residuos que genera hasta garantizar que los materiales se recojan y aprovechen correctamente.
Una solución basada en la economía circular
Propongo implementar un programa local llamado “Santa Marta circular: menos plástico, más vida”, con tres acciones principales:
– Turismo: Instalar puntos de separación de residuos en playas y zonas comerciales, promover envases retornables en restaurantes y reducir la entrega de vasos, bolsas y recipientes desechables.
– Pesca: Crear puntos de recepción de redes deterioradas o abandonadas, impulsar su reparación y entregar los materiales recuperables a gestores especializados para su reciclaje y transformación en nuevos productos.
– Consumo local: Fortalecer la recolección selectiva, facilitar la labor de los recicladores y promover el uso de recipientes reutilizables y alternativas con menor impacto ambiental.
Esta propuesta puede aprovechar experiencias previas de economía circular en Santa Marta. Según PROMAR, un proyecto piloto había logrado recoger y transformar más de 3.000 toneladas de materiales hasta diciembre de 2023, además de involucrar a organizaciones de recicladores. Esto muestra que existen experiencias que pueden servir como punto de partida para ampliar estas iniciativas.
¿Qué beneficios se podrían conseguir?
En el ambiente, disminuirían los residuos que llegan a las playas y al mar. En la economía, podrían generarse empleos relacionados con la recolección, la reparación y el reciclaje, además de apoyar a los trabajadores que dependen del turismo y la pesca. Para la salud, prevenir la contaminación ayudaría a reducir el contacto con residuos y la liberación de microplásticos al entorno, aunque sería necesario realizar monitoreos para evaluar los riesgos sanitarios y la calidad de los alimentos.
Barreras y posibles soluciones
Uno de los principales obstáculos es la falta de hábitos de separación de residuos, junto con los costos de implementar sistemas de recolección y alternativas reutilizables. También puede existir poca coordinación entre las instituciones y las empresas.
Para superar estas dificultades, se necesitan campañas educativas permanentes, incentivos para los comercios que reduzcan los envases desechables, apoyo a los recicladores y controles que garanticen el cumplimiento de las medidas ambientales. Además, los programas deben diseñarse con la participación de los pescadores y las comunidades locales, porque son ellos quienes conocen de cerca las necesidades del territorio.
Proteger Santa Marta significa cuidar sus ecosistemas, pero también defender el trabajo, la salud y el bienestar de las familias que viven del mar.
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