¿Qué ocurre cuando la contaminación que no podemos ver comienza a afectar la vida que sostiene una playa?
Cuando pensamos en la contaminación de las playas, normalmente imaginamos botellas, fundas y otros residuos plásticos acumulados en la arena. Sin embargo, existe un problema mucho menos visible: los microplásticos que se encuentran entre los granos de arena y que pueden entrar en contacto con organismos diminutos que cumplen funciones esenciales en los ecosistemas marinos.
La vida que existe entre los granos de arena
La meiofauna es una comunidad de pequeños animales que habita entre los espacios de los sedimentos marinos. Aunque muchos de estos organismos son difíciles de observar sin instrumentos especializados, cumplen una función importante en las cadenas alimenticias, ya que sirven de alimento a otros organismos y contribuyen al funcionamiento del ecosistema.
La investigadora Ana Milena Lagos, de la Universidad del Magdalena, ha estudiado la relación entre los microplásticos y la meiofauna en playas urbanas de Santa Marta, Colombia. En una investigación publicada en 2023, su equipo analizó 81 muestras de arena de las playas El Rodadero, Bahía de Santa Marta y Taganga. Los investigadores identificaron 17 grupos de meiofauna y registraron 1.131 partículas microplásticas, de las cuales el 94,8 % correspondía a fibras.
Uno de los hallazgos más preocupantes fue la observación de microfibras plásticas en el intestino de algunos organismos. Estas partículas pueden ingerirse accidentalmente o confundirse con alimento debido a su pequeño tamaño. Además, el estudio encontró que, en la zona intermareal inferior, una mayor abundancia de microplásticos estaba relacionada con una menor abundancia de meiofauna y con cambios en la composición de estas comunidades.
Esto demuestra que la contaminación no se limita a los residuos que vemos flotando en el agua. También puede alcanzar los pequeños espacios donde viven organismos fundamentales para el equilibrio de las playas.
El aceite de oliva: un aliado inesperado de la investigación
Frente a este problema, resulta interesante conocer que un producto cotidiano como el aceite de oliva puede utilizarse en métodos de laboratorio para facilitar la extracción de microplásticos de los sedimentos.
La explicación está en las propiedades de muchos plásticos: son hidrofóbicos, es decir, presentan poca afinidad por el agua, y pueden tener afinidad por los aceites. Al mezclar una muestra de sedimento con agua y aceite, se puede favorecer la separación de las partículas plásticas hacia la fase oleosa. Posteriormente, esta fracción se recupera, se filtra y se examina para identificar las partículas.
Este procedimiento aprovecha una propiedad química del material para facilitar su análisis y constituye una alternativa de interés para la investigación ambiental. Sin embargo, la extracción no sustituye la identificación de laboratorio, que permite confirmar qué partículas son realmente plásticas.
Lo más interesante es que una sustancia de uso cotidiano puede ayudar a los científicos a estudiar un contaminante que, por su tamaño, resulta difícil de detectar. La ciencia no solo busca descubrir el problema, sino también desarrollar herramientas que permitan comprenderlo mejor.
Una playa saludable también sostiene la economía
La contaminación por microplásticos no representa únicamente una preocupación para la biodiversidad. También está relacionada con el bienestar de las comunidades que dependen de las playas.
En Santa Marta, el turismo, la pesca, el comercio y otros servicios costeros se benefician de ecosistemas saludables. El deterioro de las playas y de sus comunidades biológicas puede generar consecuencias ambientales y afectar las actividades que dependen de ellas.
Por eso, proteger la arena y el mar significa cuidar tanto la naturaleza como las oportunidades económicas y la calidad de vida de las personas. Aunque todavía es necesario investigar con mayor profundidad los efectos de los microplásticos, los resultados disponibles justifican prestar atención a esta contaminación y mejorar su prevención y monitoreo.
¿Qué podemos hacer frente a lo que no vemos?
Considero que uno de los mayores desafíos ambientales es reconocer que no toda la contaminación se puede detectar a simple vista. Reducir los plásticos de un solo uso, disponer correctamente los residuos, evitar que estos lleguen a los ríos y al mar y fortalecer la investigación científica son acciones necesarias para enfrentar este problema.
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