La inteligenci artficial puede considerarse principalmente una herramienta competente para la humanidad, ya que amplía nuestras capacidades en múltiples áreas como la educación, medicina, la investigación y la productividad. Su correcto uso permite optimizar procesos, tomar decisiones informadas y resolver problemas complejos de manera más eficiente. Sin embargo, esta plantea a su vez desafíos éticos y laborales que, si no se gestionan adecuadamente, podrían convertirla en una competencia que sustituya ciertas funciones humanos. Por eso, su desarrollo debe estar acompañado de una regulación responsable y de una formación que prepare a las personas para convivir y colaborar con ella, más no para competir.