El dilema oculto de las infraestructuras costeras

  • NATASHA JULIETH RIVERA OLIVEROS

    Miembro
    17 de septiembre de 2026 en 9:10 pm
    721 Puntos B10

    ¿Quién soy?

    Buenas, mi nombre es Natasha Rivera. Soy estudiante y futura ingeniera de la carrera de Ingeniería Ambiental y Sanitaria. Actualmente hago parte de un colectivo llamado Creamos y de un proyecto denominado Vértice, en el cual me desempeño como coordinadora académica.

    Lo que principalmente me motivó a unirme a este curso es mi interés por comprender mejor la relación entre las actividades humanas, los ecosistemas y la gestión ambiental, especialmente la manera en que nuestras decisiones pueden generar impactos que se manifiestan a corto, mediano y largo plazo.

    Mi opinión

    Desde mi perspectiva, sí fue un error, principalmente de planificación y gestión ambiental, porque la obra se ejecutó sin considerar adecuadamente la dinámica costera, especialmente la deriva litoral y el transporte de sedimentos. Aunque las escolleras beneficiaron a la comunidad durante años, ese beneficio estuvo condicionado por la capacidad del ecosistema para soportar la alteración. Con el tiempo, el bloqueo de los sedimentos contribuyó a la erosión y pérdida de dunas, playas y manglares, afectando incluso la actividad portuaria que inicialmente se buscaba proteger. Por ello, considero que el error no fue únicamente construir la infraestructura, sino también mantenerla sin adaptarla cuando sus impactos ya eran evidentes.

    Sin embargo, esto no significa que el puerto deba dejar de funcionar, ya que también representa empleo, ingresos y actividad económica para la comunidad. El verdadero reto está en hacer compatible su funcionamiento con la conservación del ecosistema, mediante un plan de manejo ambiental, restauración e inversión en la recuperación de las zonas afectadas, además de medidas que permitan reducir el impacto de la infraestructura sobre la dinámica costera. Para mí, una actividad que depende directamente de un ecosistema no puede sostenerse mientras deteriora las condiciones naturales que también contribuyen a su protección; por eso, la sostenibilidad debe ser parte de la solución y no una consideración posterior.

    • johan-javierjimenez-ariza

      Miembro
      22 de septiembre de 2026 en 9:40 am
      20 Puntos B10

      Gran planteamiento para una posible solución. La obra sigue siendo indispensable para mantener la economía local y no podemos solo deshacerla, lo más adecuado es trabajar en pos de la recuperación del ecosistema afectado con un correcto plan de manejo.

  • samuelhernandezsierra

    Miembro
    16 de septiembre de 2026 en 11:33 pm
    970 Puntos B10

    ¿Quién soy yo?

    Mi nombre es Samuel Hernández Sierra, soy estudiante de sexto semestre de Ingeniería Ambiental y Sanitaria, soy Coordinador Técnico de Proyectos de ASEIAS UNIMAGDALENA (Asociación Estudiantil de Ingeniería Ambiental y Sanitaria), y hago parte del comité de autoevalución del programa de Ingeniería Ambiental y Sanitaria de la UniMagdalena.

    Me motivó a participar en este curso el interés por comprender mejor cómo las obras de ingeniería y las decisiones sobre el territorio pueden influir en los ecosistemas costeros y en las comunidades que dependen de ellos. Como futuro ingeniero ambiental, considero importante conocer cómo podemos planificar y gestionar estos espacios teniendo en cuenta tanto las necesidades humanas como la dinámica natural de las costas.

    Mi opinión:

    Desde mi perspectiva, una infraestructura construida para proteger a una comunidad no necesariamente puede considerarse un error simplemente porque con el tiempo haya generado impactos ambientales que inicialmente no fueron previstos. En el momento de su construcción pudo responder a una necesidad real y haber cumplido correctamente con el propósito para el cual fue diseñada.

    Sin embargo, el problema aparece cuando, con el avance del conocimiento científico y los cambios en las condiciones del territorio, se evidencia que esa infraestructura está generando consecuencias negativas importantes y aun así se mantiene sin evaluar otras alternativas.

    En el caso de las escolleras, por ejemplo, modificar el transporte natural de sedimentos puede solucionar un problema en un sector, pero generar erosión, pérdida de playas o afectaciones en los ecosistemas de otras zonas. Esto demuestra que las obras costeras no deberían evaluarse únicamente por el beneficio que producen en el lugar donde fueron construidas, sino considerando cómo afectan la dinámica de todo el sistema costero.

    Por eso, considero que uno de los principales retos de la gestión costera es adaptar las desiciones de ingeniría a la información cientifica y a las condiciones actuales del territorio. Esto no significa necesariamente retirar una infraestructura de manera inmediata, sino evaluar si puede ser modificada, complementada con soluciones basadas en la naturaleza o, cuando sea necesario, reemplazada por una alternativa más adecuada.

    Además, ecosistemas como las playas, dunas y manglares cumplen funciones que van más allá de su valor ecológico. También contribuyen a la protección de las comunidades frente a eventos extremos, sirven como hábitat para diferentes especies y proporcionan servicios ambientales importantes.

    En conclusión, una infraestructura puede haber sido una solución válida para una necesidad del pasado y, con el tiempo, dejar de ser la alternativa más adecuada debido a los cambios en el sistema costero. Por eso, la ingeniería y la gestión del paisaje deben ser procesos dinámicos, capaces de adaptarse a nueva información y de buscar un equilibrio entre la protección de las comunidades, el desarrollo y la conservación de los ecosistemas costeros.

    • NATASHA JULIETH RIVERA OLIVEROS

      Miembro
      17 de septiembre de 2026 en 9:13 pm
      721 Puntos B10

      compañero Samuel excelente interversion, concuerdo con su postura parcialmente, y leerlo me permite conocer una perspectiva que no habia previsto o considerado.

  • VALERIE DEL CARMEN HERRERA BELEÑO

    Miembro
    15 de septiembre de 2026 en 9:04 am
    390 Puntos B10

    Presentación

    Hola a todos. Mi nombre es Valerie Herrera, soy estudiante de sexto semestre de Ingeniería Marino-Costera y hago parte de un semillero de investigación. Me motivó a participar en este curso el interés por comprender mejor la dinámica de los ecosistemas costeros y la manera en que las obras de ingeniería pueden influir tanto positiva como negativamente en ellos. Considero que conocer estas interacciones es fundamental para proponer soluciones que permitan proteger a las comunidades sin dejar de lado la conservación de los ecosistemas.

    Reflexión

    Desde mi perspectiva, una infraestructura construida para solucionar una necesidad urgente no necesariamente puede considerarse un error desde el momento en que fue construida, especialmente si en su época respondía a las necesidades de seguridad y desarrollo de la comunidad. Sin embargo, el verdadero problema aparece cuando, con el paso del tiempo, se evidencia que esa infraestructura está generando impactos negativos y aun así se decide mantenerla sin realizar cambios.

    El caso de las escolleras del puerto muestra que una obra puede solucionar un problema local, como garantizar la navegación, pero al mismo tiempo alterar procesos naturales fundamentales como la deriva litoral y el transporte de sedimentos. Esto puede generar erosión en otras zonas, afectar las dunas, los manglares y los ecosistemas que funcionan como barreras naturales frente a eventos extremos.

    Por eso, considero que la gestión costera debe tener una visión dinámica y de largo plazo. No basta con evaluar si una infraestructura funciona en el momento de su construcción; también es necesario realizar monitoreo continuo y evaluar cómo cambian las condiciones ambientales, sociales y climáticas. Si una estructura deja de cumplir adecuadamente su función o comienza a generar mayores impactos que beneficios, debería considerarse su modificación, adaptación, reconversión o incluso retiro.

    En este sentido, las soluciones basadas en la naturaleza pueden complementar o reemplazar algunas estructuras tradicionales. La recuperación de dunas, manglares y playas, junto con alternativas de ingeniería más adaptativas, puede permitir reducir riesgos sin interrumpir completamente la dinámica natural de la costa.

    En conclusión, para mí el mayor error no es necesariamente haber construido una infraestructura con la información disponible en ese momento, sino no adaptarla cuando la evidencia demuestra que está generando consecuencias negativas. La protección costera debe buscar un equilibrio entre las necesidades humanas, la seguridad de las comunidades y el funcionamiento natural de los ecosistemas.

    Debate – comentario a mi compañero

    Estoy de acuerdo con la perspectiva planteada por Aldrin, especialmente con la idea de que no debemos juzgar una obra del pasado únicamente con el conocimiento que tenemos actualmente. Me parece importante diferenciar entre una decisión tomada para responder a una necesidad inmediata y la responsabilidad que existe hoy frente a los impactos que ya conocemos.

    También coincido en que el concepto de protección no debería limitarse a mantener una estructura que funciona localmente. Si esa estructura provoca erosión, pérdida de ecosistemas o disminuye la capacidad natural de la costa para responder a eventos extremos, es necesario replantear su funcionamiento.

    Complementaría su argumento señalando que la solución tampoco tiene que ser necesariamente eliminar toda infraestructura existente. En algunos casos puede ser más adecuado adaptarla, modificarla o combinarla con la restauración de ecosistemas naturales. De esta manera, la ingeniería y la naturaleza pueden trabajar conjuntamente en lugar de competir entre sí.

    Creo que este caso demuestra que la gestión costera debe ser adaptativa, porque las costas cambian constantemente y las decisiones tomadas hoy pueden generar consecuencias durante décadas.

  • ALDRIN ALMIR MONROY ROSPIGLIOSI

    Miembro
    14 de agosto de 2026 en 3:38 pm
    20 Puntos B10

    Presentación

    Hola a todos. Mi nombre es Aldrin Monroy Rospigliosi, soy biólogo investigador en el Instituto del Mar del Perú (IMARPE), sede Ilo, especializado en la evaluación de recursos hidrobiológicos y en el monitoreo de contaminantes marinos. Me uní a este curso para profundizar en herramientas conceptuales y metodológicas que nos permitan entender mejor la interacción entre las intervenciones humanas y la dinámica de los ecosistemas marino-costeros, un desafío crítico para la gestión sostenible de nuestras costas.

    Reflexión y Debate

    Desde mi perspectiva como investigador del medio marino, no considerar una obra como un error original (si respondió a una necesidad urgente de seguridad o conectividad bajo el conocimiento técnico de su época), pero sí cometer un error crítico y de omisión al perpetuar su operación y mantenimiento cuando los impactos negativos acumulativos ya han sido evidenciados por la ciencia.

    Para argumentar esta postura, podemos analizarlo desde tres dimensiones clave:

    1. La perspectiva histórica y la limitación del conocimiento

    Las grandes infraestructuras costeras del siglo XX, como el caso de las escolleras en Veracruz, se diseñaron bajo paradigmas de ingeniería dura (estructuras rígidas para contener o desviar la energía del mar). En su momento histórico, priorizar la operatividad portuaria y la seguridad de la navegación respondía a una necesidad socioeconómica legítima. Juzgar esa decisión inicial con el conocimiento actual de la dinámica costera puede ser un anacronismo. El verdadero fallo en esa fase no fue la obra en sí, sino la ausencia de estudios de impacto ambiental y de dinámica litoral, una omisión histórica que hoy se repite en muchas regiones de Latinoamérica.

    2. El colapso sistémico y el falso concepto de «protección»

    El texto expone una paradoja ecológica y económica fundamental: al alterar la deriva litoral, las escolleras bloquearon el flujo natural de sedimentos, destruyendo las dunas y los manglares que amortiguaban la energía marina. Como resultado, el propio puerto quedó más expuesto a los eventos meteorológicos extremos (como los «nortes»). Esto demuestra una falacia en la planificación a largo plazo: ninguna infraestructura puede considerarse permanentemente protectora si su funcionamiento destruye los amortiguadores naturales que la propia naturaleza proveía de forma gratuita y resiliente.

    3. La responsabilidad ambiental actual

    Mantener una infraestructura obsoleta o perjudicial bajo la justificación de que «en el pasado funcionó» representa una negligencia técnica y administrativa. La gestión costera moderna exige pasar de la defensa rígida a la adaptación basada en ecosistemas (AbE) y a soluciones de ingeniería blanda (como la restauración de dunas, alimentación artificial de playas o rediseño de obras portuarias con permeabilidad hidrodinámica).

    Conclusión

    La infraestructura construida a mediados del siglo pasado cumplió una función temporal, pero hoy el verdadero error, y la mayor irresponsabilidad es la inacción ante la evidencia científica. La planeación a largo plazo nos obliga a planificar estrategias de desmantelamiento, reconversión o mitigación (como las propuestas de ingeniería con enfoque ecosistémico). Continuar subsidiando el mantenimiento de estructuras que erosionan las playas, colapsan pesquerías artesanales y desprotegen a los mismos asentamientos humanos es ignorar que la sostenibilidad económica de la zona costera es indisociable de la salud de sus ecosistemas.

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