Los problemas son cosas que surgirán a lo largo de tu vida, ya sea en casa, en la universidad, en el trabajo etc. Sea lo que sea es crucial que lo primero que hagas, NO sea buscarle una solución.
En mi opinión, buscarle una solución inmediata puede agravar el asunto. Por eso opino que nuestra primera reacción debe ser detenerse y analizar. ¿Qué pasó? ¿Qué lo ocasionó? Preguntarse así mismo es el primer paso para solucionarlo. Si tú entiendes la situación, vas a poder encontrar las soluciones adecuadas para enfrentarlo. Es mucho mejor que estar desesperado intentando cosas que tal vez ni siquiera sirvan.
Muchos autores han experimentado el denominado “bloqueo del autor” alguna vez en su carrera. En el cual sienten que las ideas no surgen, al menos no con la fluidez con la que lo hacían antes. En casos como este lo mejor es distanciarse de la escritura un tiempo. Buscar desesperadamente alguna idea solo creará frustración y drenará su energía. Algunas veces hace que ellos simplemente no continúen con su libro.
Cabe aclarar que los “bloqueos” no son exclusivos para el mundo de la literatura. Durante mi tiempo en la materia de Diseño y prototipado, tanto yo como mi equipo de trabajo, nos hemos bloqueado. Días en donde no surgían las ideas, por ejemplo, la vez que nos tocaba escribir 10 preguntas y 10 respuestas para el proyecto. Posterior a eso teníamos que generar 15 ideas acerca de las preguntas y respuestas, y también otras actividades anteriores. Ese día recuerdo que nos demoramos muchísimo tiempo para formular las ideas, pasábamos minutos en total silencio, intentando desesperadamente formular así fuera una idea totalmente irrelevante. Pero aún así no dábamos. Tampoco ayudaba el hecho de que los demás grupos parecían estar terminando y nosotros ni tocábamos la mitad. Causando más angustia, pensábamos que no íbamos a poder. Estábamos cerca de rendirnos, cuando decidimos tomar un descanso y pensar un momento ¿por qué estamos bloqueados? Llegamos a la conclusión de que estábamos fatigados, decidimos no hacer absolutamente nada durante unos 5 o 7 minutos. Sentíamos que nuestras mentes estaban rodeadas por una densa y oscura niebla. Se acabó el tiempo. De repente la tenebrosa nube que teníamos se esfumó, era como si nos hubieran retirado una carga de encima. Ya no había oscuridad, nuestras mentes se aclararon completamente. Las ideas fluían como las aguas de las cataratas Niagra. Lo que no habíamos logrado durante la clase entera, pudimos realizar en menos de 10 minutos. La propuesta de tomar un receso, que nos parecía completamente absurda, resultó ser la solución más efectiva para nuestro problema. En vez de seguir quemando nuestras mentes, intentando buscar ideas, lo mejor fue parar. Completamente inimaginable, ¿cierto?
Después de ese preciso momento, me di cuenta que a veces, lo mejor que tú puedes hacer para afrontar a un contratiempo, es no hacer nada. Parar, observar y después de eso es que se debe actuar. En el momento en el que entiendes el por qué existe el problema, se te ocurrirá una solución que en verdad te ayude. Por eso pienso que al encontrar un problema, nuestra primera tarea NO debe ser solucionarlo.
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