Este blog lo empecé con la idea de la propagar la psicología audiovisual y así mismo fundamentarla, es decir, cómo las imágenes, los colores, la música y la puesta en escena construyen significados que van mucho más allá de lo que se dice explícitamente. Antes de continuar con los conceptos teóricos, quiero detenerme en una obra reciente que sirve como ejemplo perfecto del poder simbólico del cine: Sinners o los pecadores en español (Ryan Coogler, 2025).
Esta película demuestra algo que siempre repite la profesora Adriana en las clases de guion y dramaturgia, “si vas a hablar de política o corrupción, no lo hagas de frente; hazlo desde la comedia, la ficción o la fantasía, que ahí el mensaje entra más profundo”.
Coogler sigue exactamente esa lógica. No necesita discursos, ni documentales, ni escenas explicativas para hablar de supremacía blanca, religión impuesta, sexualidad, trauma histórico o resistencia cultural. En Sinners todo está dicho a través del color, el sonido, la atmósfera y las decisiones de puesta en escena.
Ahí es donde la película se vuelve un laboratorio para quienes estudiamos cine y los que estudian psicología o antropología o simplemente que le guste observar y analizar una película.
El color como narrativa emocional y política
La película organiza su mundo a través de una psicología del color muy precisa. El rojo, asociado tradicionalmente a la agresividad y la alerta, aparece ligado a los personajes negros que el rojo es el color de los republicanos, a favor de la esclavitud, y que, para ellos, así como a los blancos representan amenaza y dominio. No se usa para decorar, sino para preparar emocionalmente al espectador. Cada aparición del rojo activa en nosotros una memoria afectiva: peligro, violencia, control.
Los vampiros, en cambio, se tiñen de azules fríos. Esa frialdad responde a la idea de deshumanización, pero también a un poder que succiona vida sin generar nada propio. El azul no solo los marca como “otros”, sino como seres vaciados de alma, alineados con una fuerza autoritaria que necesita infiltrarse para sobrevivir.
Los personajes negros están envueltos en grises y oscuros, lo que habla de pobreza material, pero también de fuerza interna y resistencia emocional. El verde o el azul claro, cuando aparecen, funcionan como respiración y esperanza. Nada está puesto por azar: hablamos de psicología visual aplicada.
El blues como identidad psicológica
Otro eje fundamental es el tratamiento del blues, temática del profesor Kent en música, no se utiliza solo como banda sonora, sino como dispositivo psicológico. El protagonista, a lo largo de toda la película, experimenta un duelo espiritual, el cristianismo impuesto por los blancos le ofrece obediencia y control, mientras que el blues le ofrece identidad y verdad emocional.
Ese tránsito no ocurre solo en el final. Es un proceso interno constante, una tensión entre lo que le enseñaron a creer y lo que siente que lo conecta con su historia. Desde la psicología audiovisual, el blues funciona como memoria afectiva colectiva que va despertando en él un sentido de pertenencia renegado.
La sexualidad femenina como territorio de poder
En Sinners, las mujeres negras poseen agencia sexual y emocional. No están definidas por la mirada masculina ni por el rol pasivo frecuente en la ficción histórica. Son ellas quienes deciden cuándo, cómo y con quién ejercer su sexualidad.
- Este elemento importa psicológicamente porque rompe con la representación tradicional. La libertad femenina aparece como fuerza vital, mientras que el machismo surge cuando los hombres se convierten en vampiros, mostrando cómo el poder corrompido exacerba conductas de control, dominación y violencia hacia el cuerpo femenino.
Violencia simbólica y decisión final
El desenlace resume la tesis audiovisual de la película; un solo hombre negro decide decir “basta” frente a la violencia del Ku Klux Klan. A partir de esa decisión, la comunidad entera desplaza el miedo por la acción y termina matando a todos los hombres blancos que habían ido a asesinarlos. El asesinato del alcalde funciona como golpe político directo, pero construido desde la ficción. (más de uno quiere ver al administrador de EEUU ☠️)
Este cierre es profundamente psicológico. La narrativa no propone venganza por venganza, sino la ruptura emocional con un sistema de terror que ha condicionado la vida de la comunidad durante generaciones.
Por qué me gustaría que vean Sinners antes de avanzar en el blog
Porque la película es una clase en sí misma.
Porque demuestra que el audiovisual no es solo entretenimiento, sino un lenguaje capaz de hablar de política, violencia, religión, opresión y libertad sin necesidad de sermones.
Lo que Coogler logra aquí es exactamente lo que pretendemos estudiar en este blog, cómo un director puede construir discursos complejos utilizando colores, sonidos, atmósferas y acciones simbólicas.
Y porque, como dice la profesora Adriana, “la ficción dice verdades que el discurso directo nunca podría decir con la misma fuerza”.
Invitación
Antes de continuar con los próximos textos sobre psicología audiovisual, les recomiendo ver Sinners.
No como espectadores pasivos, sino como analistas del lenguaje audiovisual.
Observen los colores, la música, la luz, la composición.
Todo en esta película está ahí para decir algo.
está alojada en telegram les dejo el enlace
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