Para mí, lo primero es tener un propósito muy claro. Cuando el estudiante entiende para qué está haciendo una actividad, es menos probable que la clase se disperse. Las “vacas locas” suelen aparecer cuando hay muchas actividades sueltas sin conexión real con un objetivo.
También es clave diseñar experiencias con estructura, pero flexibles. No se trata de improvisar todo ni de rigidizarlo todo. Una buena clase puede tener momentos definidos (inicio, exploración, reflexión), pero dejar espacio para que los estudiantes participen, pregunten y construyan. El caos aparece cuando hay libertad sin guía o guía sin sentido.
Tatiana Orozco: , lo uso para tener claridad del propósito. Antes de empezar cualquier curso o clase, me pregunto: ¿qué quiero lograr realmente?, ¿qué debería quedar en mí o en los estudiantes? Eso evita que todo se vuelva una suma de actividades sin dirección.
También lo aplico para organizar la experiencia en momentos: inicio, desarrollo y cierre. En el inicio conecto con lo que ya sé o siento; en el desarrollo experimento, participo y construyo; y en el cierre reflexiono sobre lo aprendido. Este ciclo hace que el curso no sea solo información, sino un proceso con sentido.
T0 dieron "Me gusta"Publicado en Educación





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