Del productor audiovisual al arquitecto de universos: cambios en la producción de un proyecto transmedia

Cuadrante de diseño Calma
Proceso creación de personaje 
Póster Calmaa

La producción audiovisual ha cambiado profundamente con la aparición de nuevas tecnologías, plataformas y formas de consumo. Tradicionalmente, el productor audiovisual ha sido asociado con la gestión de recursos necesarios para realizar una película, serie o programa: presupuestos, equipos humanos, cronogramas, locaciones y distribución. Sin embargo, cuando un proyecto se plantea desde una perspectiva transmedia, estas funciones se expanden. El productor ya no piensa únicamente en una obra audiovisual, sino en la construcción de un universo narrativo capaz de desarrollarse a través de diferentes medios.

Un proyecto transmedia no consiste simplemente en publicar el mismo contenido en varias plataformas. Su potencial está en que cada medio aporte una experiencia distinta y complemente la comprensión del universo narrativo. Esto transforma el rol del productor, quien debe participar desde las primeras etapas creativas y preguntarse qué historias pueden expandirse, en qué plataformas y con qué propósito.

Esta reflexión se puede observar en el cuadrante de diseño transmedia desarrollado para el proyecto Calma, cuyo universo narrativo se relaciona con la historia de Efraín. El mapa organiza las posibilidades de expansión entre los ejes de gente e institución, así como entre hechos y ficción.

En el centro del cuadrante aparece Calma como núcleo articulador. A partir de allí surgen diferentes posibilidades narrativas: un cómic, entrevistas, contenidos relacionados con sobrevivientes de estrés postraumático, listas musicales, diarios sonoros del personaje, jornadas de meditación y yoga, códigos QR instalados en espacios públicos, una página web con fragmentos de diálogos, experiencias musicales y una posible obra de teatro sobre Efraín.

Lo interesante de este diseño es que demuestra que un proyecto audiovisual puede dejar de ser una obra cerrada para convertirse en un ecosistema. Por ejemplo, el cortometraje puede construir la experiencia central del personaje, mientras un pódcast o una entrevista puede ampliar el contexto. Una playlist en Spotify puede acercarnos a la subjetividad y cotidianidad de Efraín. Un código QR en la calle puede trasladar parte de la experiencia narrativa al espacio físico y proponer ejercicios de respiración o reflexión. La obra teatral, por su parte, permitiría explorar el universo desde la presencia viva del cuerpo y la relación directa con el espectador.

Aquí aparece uno de los principales cambios en el trabajo del productor: debe pensar en términos de arquitectura narrativa. Ya no basta con organizar el rodaje de una película. Es necesario identificar las conexiones entre plataformas y decidir qué experiencia corresponde mejor a cada medio.

Sin embargo, esta expansión también implica riesgos. Uno de ellos es creer que un proyecto es transmedia simplemente porque tiene presencia en redes sociales, una página web y contenido audiovisual. La multiplicación de formatos no garantiza profundidad. Si todos los medios repiten la misma información, la expansión se convierte en promoción y no en construcción narrativa.

Por esta razón, el productor debe tomar decisiones estratégicas. No todo debe expandirse. Algunas partes de la historia pertenecen exclusivamente al lenguaje cinematográfico, mientras otras pueden adquirir mayor potencia en un formato sonoro, interactivo o performativo.

El cuadrante de Calma también evidencia otro cambio importante: la relación con las audiencias. En un modelo tradicional, el espectador consume una obra terminada. En un proyecto transmedia, puede recorrer diferentes puertas de entrada al universo. Una persona puede llegar primero a través de una canción, otra mediante un código QR, otra por una entrevista o directamente desde el cortometraje.

Esto permite que las audiencias construyan recorridos propios. Sin embargo, la participación debe tener un propósito. En un proyecto como Efraín, relacionado con la memoria, el trauma y las consecuencias del conflicto armado, existe además una responsabilidad ética. No sería pertinente convertir experiencias dolorosas en simples mecanismos de interacción o entretenimiento. El productor debe preguntarse constantemente qué aporta cada plataforma y cuáles son los límites de la participación.

También cambia la conformación de los equipos. Un proyecto audiovisual convencional reúne principalmente profesionales del cine y la televisión. Un proyecto transmedia puede requerir diseñadores, programadores, investigadores, artistas sonoros, gestores culturales, especialistas en experiencias digitales y profesionales vinculados al trabajo con comunidades.

Esto convierte al productor en una figura de articulación. Su función consiste en conectar disciplinas, lenguajes y personas que tradicionalmente podrían trabajar de manera separada.

La financiación también debe replantearse. Cada componente del ecosistema puede tener necesidades y fuentes diferentes. El cortometraje puede buscar fondos cinematográficos, mientras una plataforma digital puede vincularse con convocatorias de innovación o tecnología. Las experiencias comunitarias pueden encontrar aliados institucionales o culturales. El productor transmedia necesita construir modelos financieros más flexibles y sostenibles.

Considero que este es uno de los mayores cambios en la producción audiovisual contemporánea. El productor deja de ser únicamente quien consigue recursos y organiza procesos para convertirse en un estratega creativo capaz de pensar simultáneamente en narrativas, plataformas, públicos y experiencias.

El cuadrante transmedia de Calma permite visualizar precisamente esa transformación. El proyecto no depende de un único producto audiovisual. Su universo puede habitar el cine, el teatro, la música, el espacio urbano, las plataformas digitales y las experiencias de bienestar. Cada uno de estos medios puede aportar una perspectiva diferente sobre temas como la memoria, el trauma, la supervivencia y la búsqueda de calma.

En conclusión, la producción transmedia transforma principalmente la manera de concebir un proyecto. Ya no se trata solamente de producir un contenido y distribuirlo, sino de diseñar un ecosistema de experiencias conectadas. El reto del productor consiste en evitar que la tecnología y la multiplicidad de plataformas se conviertan en un fin en sí mismo.

La verdadera pregunta no es en cuántos medios puede existir una historia, sino qué necesita contar esa historia y cuál es el medio más adecuado para hacerlo. En ese ejercicio de selección, conexión y construcción de sentido aparece el nuevo rol del productor audiovisual: menos administrador de una obra aislada y más arquitecto de un universo narrativo.

Para ampliar la sonoridad del universo te invito que escuches este jingle inicial para este proyecto, si te animas a compartir lo que se te ocurra o una propuesta, déjala en los comentarios.

https://suno.com/s/jk1ke4dP2Z3Az3OU

T0 dieron "Me gusta"Publicado en Arte y Producción

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