Participar en el curso Monitores que Inspiran fue una experiencia que me permitió fortalecer habilidades que van mucho más allá del dominio de un tema. Comprendí que un buen monitor no solo transmite conocimientos, sino que también sabe acompañar, motivar y brindar una retroalimentación que impulse el aprendizaje. Entre las competencias que más llamaron mi atención estuvo la retroalimentación efectiva, especialmente a través de la estrategia del sándwich. Aunque parece una técnica sencilla, descubrí que puede marcar una gran diferencia en la manera en que las personas reciben comentarios y aprovechan las oportunidades de mejora.
La estrategia consiste en tres momentos:
Comenzar con un aspecto positivo, reconociendo los aciertos y el esfuerzo de la persona.
Presentar el aspecto por mejorar, de manera clara, respetuosa y orientada al aprendizaje.
Finalizar con un mensaje de confianza y motivación, resaltando las capacidades de la persona para seguir creciendo.
Lo que más valoro de esta estrategia es que la retroalimentación deja de sentirse como una crítica y se convierte en una oportunidad para aprender. Reconocer primero los logros genera confianza; señalar luego los aspectos a fortalecer orienta el proceso; y cerrar con un mensaje de ánimo fortalece la motivación para continuar. Como monitor, entendí que la forma en que comunicamos nuestras observaciones puede influir directamente en la disposición de los estudiantes para aprender. Una retroalimentación bien construida no solo corrige errores, sino que también fortalece la autoestima académica, promueve la reflexión y favorece un ambiente de respeto y crecimiento mutuo.
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