Por estos días es mejor no hablar de quién gana, creo mejor hablar que vale la pena y preguntarnos qué está ganando el consumidor.
Las tiendas denominadas de descuento como los son las tiendas ARA y D1 han transformado sin lugar a dudas los hábitos de compra: los precios bajos, promociones constantes, la alta variedad de productos algunos importados y una experiencia que cada vez más da la percepción de organización y pulcritud. Pero la tienda de barrio, esa tienda de nuestra esquina, con fachadas en ocasiones altas, de colores y nombres llamativos, como la Quejona o Canta Rana, como pude ver en mi infancia, tienen algo difícil de reemplazar, como lo son la cercanía, confianza, conocimiento del vecino y esa posibilidad de resolver una necesidad en pocos minutos y en algunos casos bastante especifica.
Como docente de Marketing Digital, cada vez me interesa más observar esta competencia no solo desde la información que pueden darnos las cifras, o los mapas de calor, sino desde el comportamiento de quienes hacen que estos comercios sigan vivos, las personas. Porque el consumidor no siempre compra únicamente por un precio; también compra por comodidad, tiempo, confianza y algo de que lo que muchas compañías se olvidan, la experiencia.
Esto me lleva a pensar que quizás el verdadero reto para la tienda de barrio, la de Don Manuel, no sea competir exactamente con D1 o ARA, sino encontrar aquello que la hace diferente y empezar un camino de aprendizaje hacia una comunicación más efectiva con el cliente. Ya que el escenario es claro, gana quien comunica mejor.
Al final, ambos formatos pueden compartir este ecosistema, ya que ambos aportan valor de distintas formas. Y quien tiene más opciones para elegir, comparar y posteriormente decidir es el líder en la ecuación, el consumidor.
T0 dieron "Me gusta"Publicado en Comunicación, Economía, Educación, Innovación educativa, Inteligencia artificial, Sociedad, Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC)










Comentarios