Aprender para sanar: Estrategia psicoeducativa para estudiantes víctimas del conflicto armado en Colombia

  • Realizado por: Luisa Sanguino Arteaga, Valentina García Paredes y Cristian Palma Suescún

En Colombia, hablar de conflicto armado no es referirse solo a una realidad política o histórica, sino también a una experiencia que ha atravesado la vida cotidiana de muchas familias y comunidades. Una de las consecuencias menos visibles, pero muy importantes, aparece en la escuela allí llegan niños, niñas y adolescentes que no solo cargan con vacíos académicos o cambios de institución sino también con experiencias de miedo, desarraigo, pérdida y ruptura de vínculos. Por eso, pensar la educación en estos contextos implica reconocer que aprender no depende únicamente de capacidades cognitivas, sino también de condiciones emocionales, sociales y personales que influyen en la permanencia y en el bienestar escolar (Romero Medina, 2012). Por eso desde la psicología educativa resulta necesario pensar en estrategias que respondan no solo al aprendizaje formal, sino a las consecuencias psicológicas que deja el conflicto armado en la población estudiantil.

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En el caso colombiano, el conflicto armado ha afectado directamente la cotidianidad escolar. El desplazamiento forzado, la fragmentación del tejido social y la presencia de actores armados en distintos territorios han impactado fuertemente la vida de miles de familias donde niños, niñas y jóvenes se han visto obligados a abandonar sus hogares y entornos, interrumpir su escolaridad o adaptarse a nuevos espacios educativos en condiciones muy difíciles. Asimismo, esta realidad no solo compromete el acceso a la educación, sino también su calidad y pertinencia tal como , Flórez Picón (s. f.) insiste en que el derecho a la educación debe analizarse desde enfoques como la accesibilidad y la adaptabilidad, es decir, no basta con que exista una oferta educativa, sino que esta debe responder realmente a las condiciones del contexto y a las necesidades de los estudiantes, por lo que, en escenarios de conflicto esto se vuelve fundamental, ya que muchas veces la escuela sigue funcionando desde esquemas rígidos, mientras los estudiantes llegan con trayectorias profundamente marcadas por la violencia.

¿Por qué esto debe pensarse desde la psicología educativa?

Desde la psicología educativa, esta problemática es de suma importancia, ya que permite ver que el aprendizaje no ocurre aislado de la historia personal y social del estudiante, de modo que, cuando un niño o adolescente ha vivido experiencias de violencia, desplazamiento o pérdida, es posible que eso se refleje en su forma de participar en clase, la motivación, el vínculo con la escuela y la manera en que se relaciona con otros. Por ello, la educación no debería limitarse a garantizar el acceso o la matrícula escolar, sino que debe orientarse a generar condiciones integrales que promuevan el bienestar, la adaptación socioemocional y la permanencia efectiva de los estudiantes en el sistema educativo.

De igual manera, se plantea que la educación puede desempeñar un papel reparador en poblaciones en condición de vulnerabilidad psicosocial, especialmente cuando se integra con estrategias de inclusión escolar, fortalecimiento de la convivencia y acompañamiento psicosocial. Bajo esta perspectiva, si bien la escuela no soluciona por sí sola las consecuencias del conflicto armado, sí puede configurarse como un espacio protector que favorece procesos de apoyo, reconstrucción y transformación en la vida de los niños y adolescentes.

Lo que viven muchos estudiantes víctimas del conflicto armado en Colombia

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Las consecuencias del conflicto armado en la población estudiantil pueden verse en varias dimensiones:

-En lo emocional, pueden aparecer miedo, inseguridad, tristeza, hipervigilancia o dificultades para confiar en los demás. 

-En lo académico, pueden presentarse interrupciones en la trayectoria escolar, vacíos en el aprendizaje o dificultades para seguir el ritmo de la clase.

-En lo social, pueden surgir barreras de adaptación, aislamiento o dificultades en el desarrollo de la convivencia.

Además, es importante mencionar que no todos los estudiantes expresan el malestar de la misma manera, algunos se pueden mostrar callados y retraídos, mientras otros reaccionan con desinterés, irritabilidad o poca participación. Por eso, es relevante que la escuela no interprete estas conductas únicamente como indisciplina o falta de compromiso, sino que trate de comprenderlas dentro de un contexto más amplio de vulnerabilidad y afectación psicosocial. En escenarios como estos incluso la permanencia escolar puede verse amenazada cuando la educación no logra responder a las necesidades reales del estudiante (Flórez Picón, s. f.).  

Con base a lo anterior, se plantea la siguiente estrategia:

Estrategia psicoeducativa: Aprender para sanar

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Objetivo: favorecer el bienestar socioemocional, la adaptación escolar y la permanencia educativa de estudiantes víctimas del conflicto armado en Colombia, mediante acciones psicoeducativas orientadas a mitigar las consecuencias psicológicas de la violencia y fortalecer su relación con la escuela.

¿Cómo funciona?

1. Acompañamiento socioemocional: crear espacios dentro de la institución educativa donde los estudiantes puedan sentirse escuchados y acompañados. Esto puede hacerse mediante talleres emocionales, círculos de palabra, actividades de reconocimiento emocional y espacios de escucha guiada. No se trata de convertir la escuela en un consultorio, sino de ofrecer contención y herramientas de afrontamiento. 

2. Acompañamiento académico y flexibilidad pedagógica: Muchos estudiantes víctimas del conflicto llegan con trayectorias escolares interrumpidas, cambios constantes de institución o vacíos importantes en el aprendizaje. Por eso, sería necesario incluir tutorías, nivelación académica, seguimiento individual y ajustes razonables en la evaluación, la idea es que la escuela se adapte mejor a las necesidades del estudiante y no que el estudiante tenga que ajustarse, sin apoyo, a una estructura rígida.

3. Trabajo con la memoria, expresión y construcción de sentido: desarrollar actividades de escritura, dibujo, narración, teatro o proyectos de aula sobre memoria, territorio, identidad y paz. La intención no es obligar a los estudiantes a contar experiencias dolorosas, sino ofrecer medios simbólicos para expresar emociones, resignificar vivencias y fortalecer procesos de reconocimiento. 

4. Formación docente y la sensibilización de la comunidad educativa: Muchas veces los profesores tienen disposición para apoyar, pero no siempre cuentan con herramientas para comprender cómo el conflicto incide en el aprendizaje, la conducta y la convivencia. Por eso, es importante generar espacios formativos sobre efectos psicosociales del conflicto, inclusión educativa, estrategias de acompañamiento y prevención de la revictimización.

5. Acciones para fortalecer la convivencia y el sentido de pertenencia: se trabaja mediante actividades cooperativas, proyectos de participación estudiantil y espacios de diálogo entre pares. La convivencia es importante porque un estudiante difícilmente se mantiene motivado en un lugar donde se siente excluido o invisible, en cambio, cuando la escuela se convierte en un entorno protector, aumentan las posibilidades de permanencia y bienestar.

Actividades prácticas

  • Mi voz también cuenta”: un espacio de expresión oral, escrita o artística donde los estudiantes puedan compartir emociones, experiencias o expectativas desde el cuidado.
  • Taller de regulación emocional y afrontamiento: enfocado en fortalecer recursos para manejar miedo, tristeza, ansiedad o inseguridad dentro del contexto escolar.
  • Tutorías de apoyo y nivelación académica: dirigidas a estudiantes con rezagos o interrupciones en su trayectoria escolar. A esto se podrían sumar encuentros con docentes, orientados a brindar herramientas sobre acompañamiento psicoeducativo e inclusión, y un proyecto escolar de memoria y convivencia donde se trabajen temas como reconocimiento, dignidad, paz y reconstrucción del tejido social. 

Lo que se espera lograr

Con esta estrategia se esperaría fortalecer el bienestar socioemocional de los estudiantes, mejorar su proceso de adaptación a la escuela y favorecer su permanencia en el sistema educativo. También se buscaría reducir barreras emocionales y pedagógicas, promover una convivencia más inclusiva y ayudar a que la escuela se convierta en un lugar donde sea posible reconstruir confianza y sentido de pertenencia. Más allá del rendimiento académico, el impacto esperado está en que la institución educativa pueda asumir un papel más humano y más consciente del contexto. 

Referencias Bibliográficas:

Flórez Picón, C. C. (s. f.). Vulneración del derecho a la educación de los niños víctimas del conflicto armado en el municipio del Carmen-Norte de Santander ubicado en la región del Catatumbo.

Rincón Ospina, F. H. (2021). La educación: medio reparador de víctimas y victimarios del conflicto armado colombiano. Educación y Educadores, 24(1), 91-109. https://doi.org/10.5294/educ.2021.24.1.5

Romero Medina, F. A. (2012). Conflicto armado y escuela en Colombia. En Escuela, memoria y conflicto en Colombia (pp. 13-31).

Torres Buelvas, J. E., & Vargas Ubaté, H. J. (2022). La memoria de las víctimas del conflicto como herramienta para el desarrollo de una cátedra para la paz en contextos de educación superior multicampus en Colombia. Vía Iuris, (33), 63-80. https://doi.org/10.37511/viaiuris.n33a4

Vera Márquez, Á. V., Palacio Sañudo, J. E., & Patiño Garzón, L. (2014). Población infantil víctima del conflicto armado en Colombia: dinámicas de subjetivación e inclusión en un escenario escolar. Perfiles Educativos, 36(145), 12-29.

T0 dieron "Me gusta"Publicado en Psicología, Salud

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