Uno de los mayores aprendizajes que me deja Monitores que Inspiran no tiene que ver con dominar un tema, sino con algo que rara vez se enseña: qué hacer cuando algo sale mal. Durante el curso conocí la técnica de los 5 porqués, una herramienta que consiste en preguntar «¿por qué?» de forma sucesiva hasta llegar al origen real de un problema, en lugar de quedarse en la explicación más superficial.
Su aplicación sigue esta lógica:
- Describir el problema con datos concretos, sin suposiciones.
- Identificar la causa inmediata, la que salta a la vista primero.
- Repetir la pregunta «¿por qué?» sobre esa respuesta, y luego otra vez sobre la siguiente, avanzando en cadena.
- Detenerse solo cuando se llega a una causa de fondo que explica todo el proceso.
- Diseñar, a partir de esa causa raíz, una solución que corrija el sistema y no solo el efecto visible.
Antes de esto, mi forma de dar retroalimentación se quedaba en el «qué»: qué estuvo mal, qué había que corregir. Ahora entiendo que el «por qué» es la pregunta que realmente transforma un error en aprendizaje. Un estudiante que entiende el origen de su falla no vuelve a cometerla por casualidad haber corregido el síntoma, sino porque comprendió el proceso completo. Esa es, para mí, la verdadera diferencia entre supervisar un resultado y formar a alguien: no basta con corregir, hay que enseñar a diagnosticar.
T0 dieron "Me gusta"Publicado en Innovación educativa, Monitores que inspiran





Comentarios