Hay experiencias que terminan cuando finaliza una clase, un curso o una actividad. Y hay otras que, incluso después de terminar, continúan dando vueltas en la cabeza, cuestionando lo que creíamos saber y transformando la manera en que hacemos las cosas.

Monitores que Inspiran” fue, para mí, una de esas experiencias.

Al comenzar el curso, probablemente habría definido la labor del monitor de una manera mucho más sencilla: acompañar a los estudiantes, resolver dudas y facilitar la comprensión de determinados temas. Sin embargo, a medida que avanzaron las sesiones, entendí que detrás de esa labor existe algo mucho más grande: la responsabilidad de crear experiencias que realmente favorezcan el aprendizaje. Mirar hacia adentro para transformar hacia afuera, quizás uno de los ejercicios más interesantes fue dejar de mirar únicamente al estudiante y comenzar a mirar también nuestras propias prácticas.

¿Cuál es la manera en la que estoy enseñando?

¿Estoy realmente escuchando a quien tengo enfrente?

¿Estoy respondiendo a una necesidad o simplemente repitiendo una metodología?

Preguntas como estas pueden parecer sencillas, pero cuestionarlas implica reconocer que no siempre hacemos las cosas de la mejor manera. Herramientas como los “5 porqués” permitieron precisamente ir más allá de los problemas evidentes y comprender que, detrás de una dificultad académica, pueden existir factores personales, emocionales o contextuales que afectan directamente la disposición para aprender. Comprendí entonces que no existe una buena enseñanza sin una verdadera comprensión de a quién estamos enseñando.

Innovar no es hacer algo diferente

Uno de los conceptos que más transformó mi perspectiva fue la innovación. Durante mucho tiempo podemos asociarla con crear algo completamente nuevo, utilizar una tecnología llamativa o implementar una metodología diferente. Sin embargo, el curso me permitió entender que innovar tiene más que ver con encontrar mejores respuestas a problemas reales. La innovación comienza cuando somos capaces de identificar una necesidad, cuestionar lo que ya existe y atrevernos a construir alternativa y hacerlo acompañado resulta todavía más poderoso.

Cuando el conocimiento deja de ser individual

Cada conversación, cada actividad y cada experiencia compartida durante el curso evidenció algo que considero fundamental: el conocimiento no tiene por qué construirse en soledad. Aprender de otros monitores, escuchar perspectivas diferentes y contrastar nuestras propias experiencias permitió comprender que no existe una única forma de enseñar. Cada contexto presenta desafíos distintos y cada estudiante tiene una manera particular de relacionarse con el conocimiento.

Fue precisamente en ese intercambio donde la construcción colectiva adquirió sentido: no se trataba simplemente de compartir ideas, sino de utilizarlas para comprender nuestras propias realidades y pensar en soluciones que pudieran generar un impacto positivo dentro de la comunidad universitaria.

El liderazgo que no necesita imponerse

También descubrí que liderar una monitoría no significa necesariamente estar al frente o tener siempre la respuesta correcta. A veces, liderar significa saber escuchar. Significa generar confianza para que alguien pueda preguntar sin miedo, equivocarse sin sentirse juzgado y volver a intentarlo. Significa entender que la empatía y el respeto no son elementos secundarios dentro de la enseñanza, sino condiciones necesarias para que el aprendizaje pueda ocurrir.

En este punto, estrategias como la técnica del sándwich para brindar retroalimentación adquieren un valor especial. Reconocer primero las fortalezas de una persona antes de señalar aquello que puede mejorar permite transformar la corrección en una oportunidad de crecimiento. Porque enseñar no debería consistir en demostrarle a alguien lo que no sabe, sino en ayudarle a descubrir todo lo que sí puede llegar a aprender. La inteligencia artificial y el nuevo desafío de enseñar y, por supuesto, hablar de educación actualmente implica hablar de inteligencia artificial.

Su llegada ha cambiado la manera en que buscamos información, resolvemos problemas y construimos conocimiento. Frente a esto, considero que la pregunta ya no debería ser simplemente si debemos utilizarla o no, sino cómo podemos hacerlo de manera ética, crítica y responsable. Durante el curso aprendimos que herramientas como la IA pueden convertirse en grandes aliadas para estructurar sesiones, generar escenarios, plantear preguntas y apoyar determinados procesos. Pero también comprendimos algo esencial: ninguna herramienta reemplaza el criterio de quien enseña. La IA puede proporcionar respuestas; el educador debe proporcionar dirección, contexto y sentido.

Del estudiante receptor al estudiante protagonista

Metodologías como el Aprendizaje Basado en Problemas (ABP) y el Marco Conversacional terminaron de reforzar una idea que atraviesa todo este proceso: aprender no debería reducirse a recibir información. El estudiante puede y debe participar activamente en la construcción de su conocimiento.

Esto implica cambiar también nuestro papel como monitores. No se trata únicamente de llegar con todas las respuestas preparadas, sino de generar las preguntas adecuadas, propiciar conversaciones y diseñar espacios donde el estudiante pueda explorar, equivocarse, argumentar y construir sus propias conclusiones. En otras palabras, pasar de enseñar para que recuerden a enseñar para que comprendan.

Una experiencia que trasciende

Cuando pienso en “Monitores que Inspiran”, no pienso únicamente en las herramientas que aprendí. Pienso en las preguntas que me llevo.

Me pregunto cómo puedo hacer que cada monitoría sea más humana, más participativa y significativa. Cómo puedo aprovechar la tecnología sin perder de vista a las personas. Cómo puedo transformar una dificultad en una oportunidad y cómo puedo conseguir que alguien que llega a una sesión con dudas salga de ella con nuevas preguntas y ganas de seguir aprendiendo.

Porque quizás ese sea el verdadero propósito de ser un monitor: no tener todas las respuestas, sino crear el espacio para que otros se atrevan a buscarlas. Hoy entiendo que enseñar y aprender no son procesos separados. Mientras acompañamos a otros, también nos transformamos nosotros. Cada pregunta nos desafía, cada estudiante nos enseña algo nuevo y cada experiencia nos obliga a replantear aquello que creíamos definitivo.

Por eso, el curso termina, pero el aprendizaje no.

Ahora viene la parte más importante: llevarlo a la práctica.

Seguir cuestionando.

Seguir innovando.

Seguir escuchando.

Seguir aprendiendo.

 

Porque un monitor que inspira no es simplemente quien transmite conocimiento. Es quien logra que el otro quiera seguir construyéndolo.

T0 dieron "Me gusta"Publicado en Desarrollo personal, Ingeniería industrial, Marco Conversacional, Resultados de aprendizaje

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