¿Qué hace la gente de Cartagena con lo que les dejaron, con los restos, con las sobras del proceso de patrimonialización, turistificación y gentrificación?

Imagen destacada: “Veronica Amaris posando frente a su restaurante La Picúa” Foto de archivo.

En el año 1984, la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) reconoció a la ciudad de Cartagena como Patrimonio de la Humanidad por su importancia histórica, arquitectónica y cultural. Esta fue una condición importante para que grandes inversionistas se interesaran en negocios relativos al turismo, y en especial, a la finca raíz. La demanda de inmuebles de gran valor intangible, como son las edificaciones del centro histórico de la ciudad, encareció el costo del metro cuadrado en una dinámica de valorización constante. Lo que, a su vez, subió el costo de la vida para los locales y raizales, quienes, se vieron abocados a vender sus propiedades familiares.

Poco a poco, residentes de los barrios coloniales advirtieron que sus vecinos vendían sus casas a precios exorbitantes y que, en su lugar aparecía un lujoso restaurante, un hotel, era usada como casa vacacional o elemento de especulación económica.

Muy pocos espacios sobrevivieron a este desplazamiento; algunos tuvieron que adaptarse a la situación, remodelando sus casas para convertir la parte principal en comercios, con los cuales poder subsistir. Hay resistencia, creatividad y ética de la tenacidad en las gentes locales que quedaron en el centro. A la pregunta arriba planteada, se puede responder con tres casos, que se relacionan a continuación.

En uno de estos devenires inmobiliarios nació Donde Fidel, un pequeño local ubicado en el Portal de los Dulces en frente de la Torre del Reloj. Fidel Lotteau Fernández ha recolectado miles de historias con personajes locales e internacionales, todos alrededor de la música salsa en el Caribe y Cartagena; testimonio de lo anterior, es la galería de fotografías que caracteriza el lugar. Su negocio lleva más de 37 años funcionando y ha atravesado por muchas crisis, siendo la pandemia por COVID-19 la peor de todas. Sus ganas de seguir atendiendo a los fanáticos de la salsa no se detuvieron, así que después que las medidas de sanidad disminuyeran reabrió su local.

El caso de la Nena Cantillo es especial. Se trata una mujer cartagenera que con mucho esfuerzo ha sacado adelante su local de comida llamado la “Vieja Guardia”, ubicado en la calle real del barrio de San Diego. Aquí, en este colorido lugar, se busca preservar los saberes gastronómicos locales, ofreciendo al público distintos platillos inspirados en actores de la ciudad. Como lo son: La posta negra Teresita Román, Sancocho de pescado Rocky Valdez o el ceviche del Joe Arroyo.

La pandemia no solo fue uno de los puntos críticos de su economía, también se ha visto afectada por el aumento de las tarifas comerciales en los servicios públicos, la presión constante de su arrendatario por aumentar el precio del arriendo a su local y la amenaza de que el edificio donde trabaja sea vendido a una de las tantas cadenas de hostales que llegan a la ciudad todos los años.

Todas estas maneras de perder su sustento son consecuencias de la gentrificación (Es decir, el aburguesamiento de la zona) que se vive en el centro de la ciudad, sobre todo con el fenómeno laboral de los nómadas digitales, quienes se caracterizan por ser extranjeros que se mudan a países con una divisa de menor valor y así tener un beneficio en su calidad de vida que muy difícilmente podrían tener en sus lugares de origen. Se trata de un fenómeno que viene en ascenso.

Las personas que practican este estilo de vida se caracterizan por ser jóvenes, los cuales entran al país con un estado migratorio de turismo, evitando así tener que declarar impuestos locales. Estos, salen del país por un par de días para poder conservar su estatus migratorio.

Su llegada a los territorios desplaza a los locales, ya que estos aceptan alquilar los mismos espacios a precios más elevados, aumentando considerablemente el costo de la vivienda. Enviando a los antiguos residente o arrendatarios a zonas más periféricas, ocasionando un efecto dominó donde los últimos en la escala social de nuevo se ven más afectados.

Para la Nena este efecto es de difícil manejo, ha tenido que aumentar el costo de los alimentos en su local para así poder llegar a fin de mes con un saldo positivo. Ella misma entiende y acepta que, al aumentar los precios aleja al consumidor local de degustar cualquiera de los deliciosos platillos que prepara pero es una medida que se ha visto obligada a tomar.

Esta es una historia que se repite en cada cuadra de la ciudad amurallada. Veronica Amaris, dueña del restaurante “La Picua”, ella también comparte la tradición gastronómica desde su restaurante ubicado en la calle del Estanco del Aguardiente. A través de su herencia gastronómica, Veronica saca a su familia adelante, trabajando de lunes a lunes para pagar los altos costos de vivir en la costa norte colombiana.

La relación de Verónica con la cultura proveniente de la isla de Barú ha mantenido su negocio a flote, gracias a las enseñanzas de sus familiares ha podido construir una base gastronómica sólida que posiciona a su restaurante como uno de los mejores en la ciudad. Aun así, ella y sus vecinos se han visto víctimas de la turistificación de los espacios; lo que también puede poner la originalidad de las recetas tradicionales para el goce de los nuevos comensales y obliga a una adaptación de los gustos tradicionales.

Post Pandemia los estragos de la gentrificación aumentaron, llegando a los barrios cercanos al centro histórico. Como el barrio de Torices, Crespo, Marbella, El Cabrero y la isla de Manga. Ya que aplicaciones como AirBnB aparecieron para arrasar con el mercado hotelero e inmobiliario de la ciudad. Así, convirtiendo a edificios residenciales en hoteles, donde cada día entran y salen centenares de turistas o nómadas digitales que no entienden el mal que generan estas prácticas neoliberales modernas.

Una forma en la que los contenidos transmedia pueden colaborar a este sector de la economía tan golpeado es; aportando a la difusión de las distintas expresiones culturales. A su vez, creando contenidos que expongan de manera dinámica las consecuencias del turismo masivo y de la gentrificación.

Mientras tanto, la gente resiste en los más diversos oficios, en especial, los que tienen que ver con la venta ambulante, la prostitución, la venta de estupefacientes, la indigencia o cualquier actividad propia de la economía ilegal. Eso hace la gente, con lo que le dejan.

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