“Puse en práctica lo aprendido con ustedes en una clase dentro de mi curso y sentí, como profe, que la clase fue diferente”. 

Esa frase de un profe se quedó conmigo. No porque describiera simplemente una actividad que había funcionado, sino por la manera en que expresó lo que había sentido. «Sentí que la clase fue diferente”. En ese momento entendí que el valor de nuestro trabajo como diseñadores educativos no estaba solamente en lograr que un profe modificara una actividad o reorganizara un curso, sino en acompañarlo hasta el punto en que pudiera experimentar por sí mismo que su práctica podía suceder de otra manera.

Empezar por los dolores

Durante el proceso aprendí que ser diseñador educativo no significa llegar con una solución. Significa ayudar a encontrar primero dónde está el problema. Identificar los dolores educativos permitió que las conversaciones dejaran de centrarse en metodologías o herramientas y empezaran a hablar de situaciones reales: estudiantes que no encuentran sentido, contenidos que aparecen desconectados, actividades que se realizan sin saber muy bien para qué o aprendizajes que no logran trascender la clase.

Muchas veces, el profe ya tenía las respuestas en su propia experiencia. Lo que necesitaba era un espacio para mirar su práctica con otros ojos y comenzar a reconocerse también como diseñador educativo.

Ver conexiones donde antes había fragmentos

Otro aprendizaje surgió al conversar sobre la relación entre teoría y práctica. Muchas veces los contenidos están allí, pero no necesariamente construyen una historia para el estudiante. El acompañamiento permitió preguntar: ¿por qué este contenido está aquí?, ¿con qué se conecta?, ¿qué hará el estudiante con lo que acaba de aprender? Poco a poco, los cursos comenzaron a pensarse como recorridos en los que A conduce a B y B permite llegar a una producción concreta.

Se trataba de sacar los contenidos de esa penumbra abstracta en la que pueden permanecer para el estudiante y ayudarlos a adquirir un propósito dentro de una experiencia.

Diseñar el aprendizaje

Quizás uno de los cambios que más me interesó observar fue cuando el profe dejó de pensar únicamente en cómo dar su clase y comenzó a pensar en cómo diseñar el aprendizaje.

Aparecieron entonces otras posibilidades: adquirir, practicar, indagar, producir, recibir retroalimentación y ajustar. El curso empezó a verse como una aventura, como un recorrido con momentos de descubrimiento, dificultad, producción y mejora.

También comprendimos que lo presencial y lo virtual no tienen por qué ser experiencias separadas. El Campus Virtual puede convertirse en una extensión de esa experiencia, conectando momentos y permitiendo que el aprendizaje continúe más allá del encuentro presencial.

Como diseñadores educativos, uno de los momentos más valiosos no ocurre cuando el profe dice que comprendió una metodología. Ocurre cuando comienza a hacer preguntas diferentes sobre su propio curso.

Cuando pregunta qué experiencia está viviendo el estudiante. Cuando cuestiona si un contenido realmente aporta. Cuando modifica una actividad porque descubre que existe una mejor manera de llegar al aprendizaje. Ahí comienza a aparecer una transformación de rol: el profe deja de verse únicamente como quien desarrolla un curso y empieza a reconocerse como alguien que diseña las experiencias que vivirán sus estudiantes.

De la experiencia individual a la red

Después de acompañar estos procesos, siento que el propósito no es entregar más herramientas. Las herramientas están disponibles. Lo que buscamos desarrollar son herramientas internas para observar, discernir, conectar y tomar decisiones educativas.

Y quizá por eso la frase de aquel profe resulta tan significativa para mí. Él no dijo simplemente: “hice lo que ustedes me enseñaron”. Dijo: “sentí que la clase fue diferente”.

Ahí encuentro el verdadero sentido de nuestro trabajo como diseñadores educativos: no hacer el cambio por el profe, sino generar las condiciones para que él pueda descubrir nuevas posibilidades en su propia práctica y comenzar a reconocerse como diseñador educativo.

Y esta es solo una de muchas experiencias

Lo que vivió este profe es solamente una de las muchas experiencias que hemos podido encontrar en el camino del rediseño educativo, dentro de esta versión del Innovafest B10 Extravaganza de Conexiones. Cada encuentro, cada conversación y cada curso nos ha mostrado que muchas veces lo que hace falta no es tener más herramientas, sino encontrar un espacio para conectar con otros, mirar lo que hacemos desde otra perspectiva y atrevernos a probar aquello que durante mucho tiempo habíamos querido hacer.

Esta también ha sido mi experiencia como diseñador educativo; cada profe, cada conversación y cada curso también transforma mi propia manera de mirar la educación. He aprendido mucho de los profes con los que he compartido este camino y he entendido que el aprendizaje es bilateral: mientras acompañamos el rediseño de sus cursos, también vamos rediseñando nuestras propias formas de pensar y aprender.

Te leo en los comentarios: ¿alguna vez has sentido que necesitas conectar con otros profes, conocer otras experiencias o mirar tu curso desde otro lugar para poder hacer eso que llevas tiempo queriendo diseñar?

T0 dieron "Me gusta"Publicado en Innovación educativa

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