NOTAS MALDITAS: Reflexión sobre el proceso creativo y la transmedia

Este universo transmedia no surgió propiamente para la clase. Es más, no estaba en los planes como el proyecto central de tesis de grado para la maestría actualmente en curso. Ni siquiera estaba en los planes que se convirtiera en un transmedia. Cuando empecé a escribir el guion del tentpole de este proyecto, estaba terminando octavo semestre del pregrado. Empezaba a tener claro por dónde quería llevar mi carrera y hacia dónde quería especializarme.

Cuando terminé de escribirlo y lo envié a la revisión final previa a graduarme, sentí una incertidumbre sin igual. Las inteligencias artificiales despegaban alrededor del mundo y las decisiones corporativas cada vez las beneficiaban más. Llegué a sentirme obsoleto, perdido. Parecía que no estuviera en sintonía con todos los cambios que el mundo preparaba. De cierta forma, me sentía como un objeto inamovible frente a una fuerza imparable. Es una paradoja ¿Verdad? Pues considero, desde mi proceso de creación, que esa misma paradoja es la que define el universo de los artistas y cómo manejan sus creaciones. La testarudez propia de alguien que defiende su obra hasta las últimas consecuencias, a pesar de que el mundo constantemente mire hacia otro lado.

Luego de entregar la tercera versión del borrador, sin decidir aún que fuera la definitiva, medité durante mucho tiempo sobre cómo expandir esta historia. La sentía corta, “mocha”, como se diría coloquialmente, como si le faltaran no una, sino varias piezas. Durante dos años la dejé encerrada en un cajón, sin querer abrirla ni modificarla. El mundo de Notas Malditas me esperaba al fondo de mi habitación, donde están mi computador y el disco duro en el que guardo las copias de todo lo que creo. Desde muy niño crecí con las redes sociales, como todo miembro de la Generación Z, y mi interacción con los productos que consumía iba más allá de simplemente verlos, quería más. La cultura del fandom y toda la convergencia que Jenkins explica en su libro me absorbieron por completo al descubrir sagas como Harry Potter, Star Wars y el MCU. Consumir cualquier producto en el siglo XXI requiere una mayor interacción. Cada vez más, las audiencias buscan algo que vaya más allá de las películas o series originales. Haber crecido con ello me dota de cierto discernimiento a la hora de crear. Necesito invitar a mis audiencias a adentrarse en el mundo que construyo, más que convertirlas en simples espectadoras de una historia que parece no extenderse más allá de sí misma. Sin embargo, no sabía por dónde empezar.

La narración y la creación puede parecer adversas a la interacción digital. Se suele tener la noción del artista que crea en soledad. Sin embargo, este siglo nos ha demostrado que puede ir más allá de eso. Las comunidades virtuales han transformado la forma en que nos relacionamos con las historias. Hoy no basta con construir personajes memorables o una trama sólida, también existe la posibilidad de construir espacios donde las personas puedan permanecer incluso después de que la historia principal termine. Esa idea empezó a rondar mi cabeza cuando volví a abrir las carpetas de Notas Malditas. Ya no veía únicamente un guion. Veía canciones que podrían existir dentro del universo, leyendas que podían contarse desde otros formatos, personajes secundarios con historias propias y una mitología capaz de expandirse más allá de una única obra.

Fue entonces cuando comprendí que la pregunta correcta no era cómo continuar la historia, sino cómo permitir que el mundo creciera. El transmedia apareció como una respuesta natural a una inquietud que llevaba años acompañándome. No se trataba de multiplicar contenidos por el simple hecho de hacerlo, sino de encontrar el medio adecuado para cada fragmento de la experiencia narrativa. Algunas historias pedían ser vistas, otras, escuchadas, otras, exploradas activamente por la audiencia.

En retrospectiva, resulta curioso que un proyecto nacido de la incertidumbre terminara convirtiéndose en una reflexión sobre la permanencia. Mientras el mundo digital avanza a una velocidad difícil de seguir, las historias continúan siendo una de las herramientas más humanas que poseemos para comprender el mundo. Quizá esa sea la verdadera razón por la que Notas Malditas terminó convirtiéndose en un universo transmedia, porque necesitaba crecer de la misma forma en que crecen las historias que nos acompañan durante años, encontrando nuevas voces, nuevos formatos y nuevas formas de conectar con quienes deciden habitarlas. Más que una estrategia de expansión narrativa, este proyecto terminó convirtiéndose en una declaración personal sobre la creación en tiempos de cambio constante, la convicción de que, incluso frente a transformaciones inevitables, todavía vale la pena seguir contando historias.

Para conocer más del mundo, los invito a revisar el tablero de Miro:  https://miro.com/app/board/uXjVHIkHAy0=/?share_link_id=186998017218

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