En la Comisión de la Verdad contaron con un equipo de psicólogos que acompañó a los miembros durante la producción de Después del fuego, ya que se trataba de un tema complejo y emocionalmente difícil. El padre Francisco de Roux, quien dirigía la Comisión, tenía la idea de sacar adelante el proyecto en el poco tiempo que les fue otorgado, pues sentía el compromiso de cumplirles a las víctimas.
Sin embargo, con el paso del tiempo reconoció que, en medio de la presión y la responsabilidad del trabajo, no tomó lo suficiente en cuenta a los más de 500 funcionarios ni a sus familias. Por eso, una de las reflexiones que deja es que, cuando se lidera una comisión o un proyecto de este tipo, también es importante cuidar y valorar al equipo humano que hace posible el proceso.
La Comisión recibía recursos de la Unión Europea. Sin embargo, al tratarse de una entidad del Estado, el manejo de esos recursos era complejo, por lo que el apoyo económico se canalizaba a través de grupos de mujeres, campesinos y organizaciones comunitarias que buscaban aportar al proceso.






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