Podemos contribuir a que las democracias imperfectas, inseguras y que atraviesan contextos difíciles se fortalezcan a través de testimonios de no violencia, impulsados por el Movimiento Internacional de Reconciliación. El testimonio se convierte en ejemplo y en una forma creativa de intervenir. A partir de este, existen diversos métodos, algunos más complejos que otros, como los mecanismos institucionalizados del Estado de derecho, relacionados con las leyes, los procedimientos judiciales y la división de poderes presentes en nuestras constituciones. Es fundamental leer y comprender estos textos, ya que, de no hacerlo, seremos más susceptibles al engaño por falta de conocimiento sobre nuestros propios derechos.
No solo debemos pensar en nosotros, sino también en las generaciones futuras. Es importante dejar una huella basada en lo que queremos reflejar en los demás: un ejemplo de nuestro comportamiento y una rebeldía responsable, entendida como la no violencia. Esto implica no causar daño a otros, pero tampoco permitir que otros nos dañen.
Cuando la democracia funciona, se convierte en un instrumento de gran importancia. La democracia deliberativa y participativa implica una forma de vivir en la que, a través de nuestras acciones, somos tolerantes frente a ideas contrarias, desarrollamos la capacidad de escuchar a quienes son diferentes y buscamos superar nuestras diferencias de manera conjunta. Necesitamos ideas diversas para construir una paz que funcione en la sociedad, independientemente de las fronteras.






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