Los atributos individuales pertenecen a una de las tres categorías que según propone Bernard (1991), protegen al individuo frente a conductas riesgosas o problemáticas que atentan contra el equilibrio y el desarrollo (biológico, psicológico y social) de una persona (Salas, 2018), denominadas factores de riesgo. Estos factores de riesgo influyen la conducta del adolescente y afectan la vida del mismo de manera transitoria o permanente, por lo que es necesario reconocer los elementos de identificación, análisis e intervención desde una perspectiva que integre e involucre a los actores principales: el adolescente, la familia y el entorno (atributos individuales, familiares y de la comunidad, pertenecientes a los factores de protección que propone Bernard).

Entendiendo que los factores de protección son esas circunstancias, características, condiciones y atributos que potencian las capacidades del individuo para poder afrontar exitosamente distintas situaciones adversas, es importante identificar y reconocer los recursos a nivel personal, familiar y comunitario con los que cuenta un individuo. Los primeros corresponden a los atributos individuales, que se centran en las características personales del sujeto, es decir, las herramientas y recursos con los que cuenta por sí mismo. Dentro de estos Bernard (1991) incluye:

  • Tener personalidad resiliente
  • Poseer una orientación prosocial
  • Tener una visión de futuro
  • Baja irritabilidad e impulsividad
  • Tener habilidades para solucionar los conflictos
  • Tener capacidad de comunicación
  • Ser socialmente competente
  • Tomar decisiones positivas
  • Tener habilidades de resolución de problemas
  • Poseer expectativas altas

Si bien estos atributos son personales y se le relacionan directamente a un individuo no podemos desconocer el papel y la importancia de otros actores, como los cuidadores, la escuela y la sociedad en general. La estimulación que el niño reciba por parte de estos va a influir directamente en las capacidades y habilidades que el adolescente demuestre, es por ellos que se insiste en la importancia de creación de herramientas y mecanismos que le sean de ayuda al adolescente.

Ahora bien, los factores mencionados anteriormente responden además de una buena estimulación y educación a unas características propias del individuo que lo llevan a adoptar una conducta prosocial, pues si bien es una conducta típica en los adolescentes asumir riesgos, tomar decisiones segadas y vulnerables, no todos los jóvenes hacen esto. Baron (1995), citado por Páramo (2011) se pregunta sobre los factores que influyen en adolescentes que crecen en vecindarios peligrosos para superar las desventajas de su entorno y se adapten y ajusten a un estilo de vida más productivo. En las conclusiones encontramos la confirmación de lo anteriormente mencionado: cuando el entorno, más específicamente las redes de apoyo, favorecen, ayudan, orientan y apoyan al adolescente, este tiene más posibilidades de desarrollar habilidades y competencias que lo protejan de los riesgos.

REFERENCIAS

  • Bernard, Β. (1991). Fostering Resiliency in Kids: Protective Factors in the Family, school, and Community. San Francisco, CA: WestEd Regional Educational Laboratory.
  • Páramo, M. (2011). Factores de riesgo y factores protectores en la adolescencia; análisis de contenido a través de grupo de discusión. Terapia psicológica.
  • Salas, F. G. (2018). Caracterización de factores implicados en las conductas de riesgo en adolescentes. Revista ABRA, 38(56), 1-16.
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