Carmona L., Méndez D 

En la adolescencia se presenta un gran cambio a nivel social y emocional. En esta etapa el adolescente adquiere una nueva percepción de los padres y comienzan a despegarse de su familia para empezar a buscar su autonomía y el camino propio. Por lo que necesita poseer habilidades sociales y tener el control de sus emociones para poder enfrentar el nuevo mundo que se abre ante ellos.

Las características del desarrollo social y emocional en esta etapa resultan de la interacción entre el desarrollo aprehendido en las etapas anteriores del ciclo vital, factores biológicos propios de esta etapa y la influencia de varios determinantes sociales y culturales. No hay ningún modelo único de desarrollo social y emocional que pueda emplearse a todo adolescente, pues esta etapa es un proceso que varía dependiendo de cada individuo y su crecimiento y desarrollo biológico, psicológico y social. También depende de las discrepancias en cuanto a la edad en la que el individuo empieza y terminan su adolescencia, las diferenciaciones individuales en la progresión a través de las distintas etapas, diferencias originarias de factores como el sexo y etnia del adolescente, y del ambiente en que se produce (Gaete, 2015).

Una de las tareas fundamentales de esta etapa fue definida por Erikson como la exploración de la identidad. Por medio de esta búsqueda del ¿quién soy yo?, el adolescente se diferencia tanto de su familia, como de sus pares y del resto de los seres humanos. Para alcanzar esta identidad propia, se requieren las habilidades sociales, que los ayudarán a solucionar nuevos acontecimientos de una forma eficaz para su persona y para el contexto en que se produce. Es con la posesión de estos instrumentos que podrán expresar emociones, cualidades, ambiciones, pensamientos, deseos y opiniones de una forma apropiada para el contexto en el que se hallan (Torralva, 2019)

Gaete (2015) plantea que, el desarrollo emocional y social en la adolescencia es una de sus de características principales. El desarrollo emocional se relaciona con la habilidad de manipular o autorregular las emociones y el desarrollo social con la capacidad para enlazarse eficazmente con otros individuos. También cumple con la función de facilitar la naciente autonomía en el adolescente, las relaciones con los pares desempeñan otras funciones transcendentales, aportando significativamente al bienestar y desarrollo psicosocial de los individuos. Influyen en el proceso de exploración y afianzamiento de la identidad, amplían la perspectiva de las costumbres y reglas sociales, y abastecen el contexto para el entrenamiento de habilidades y la complacencia de una cadena de necesidades interpersonales. Las relaciones con los pares también pueden servir como un factor protector al momento de desarrollar problemas psicológicos adquiridos por medio de experiencias vitales estresantes.

Continuando con el desarrollo social, en esta etapa, como se mencionó anteriormente las relaciones del adolescente en la subcultura de pares es agudo. No hay ninguna otra etapa en la que el grupo de pares influya y tenga tanto poder como en la adolescencia. El adolescente se ve influenciado y se adapta a las normas, gustos, la conducta, los códigos y valores de su grupo de amigos, esto ocurre en un intento del adolescente de alejarse más de la familia y hallar su propia identidad. La presión que ejercen los pares puede llegar a influenciar de una forma positiva, como también de forma negativa, llevando al joven por ejemplo a que se implique en conductas riesgosas. Las amistades y los grupos pasan a ser de ambos sexos, y continuamente se forman relaciones de pareja. Con respecto a las parejas, están juegan un papel gradualmente mayor a medida que avanza la adolescencia, no obstante, las amistades siguen siendo enormemente importantes, brindando compañía, un contexto para la apertura íntima y la complacencia de otras necesidades (Gaete, 2015).

Por otro lado, el desarrollo emocional se define como la habilidad que adquiere el adolescente de ser conscientes de sus propias emociones y adquirir la capacidad para conocerlas, manejarlas y entenderlas. Posibilitando a el adolescente la identificación, detección e interpretación de las emociones sumergidas en gestos, señas, imágenes, voces y aparatos culturales. También observar y registrar sus propios sentimientos, manteniendo bajo control las emociones perturbadoras que desnivelan psicológicamente a los adolescentes. Siendo entonces la capacidad que permite a los adolescentes tomar conciencia de sus emociones, a través de un proceso atencional que está relacionado con funciones evaluativas e interpretativas (Montes et al., 2018).

Una de las capacidades que se adquieren en la adolescencia es la empatía, podemos entender lo que otros piensan y sienten y darnos cuenta de que estas percepciones pueden ser diferentes a las nuestras y actuar en consecuencia a esa compresión, podemos “ponernos en el lugar del otro”, dejar de centrarnos en nosotros mismos y focalizar nuestra atención en alguien más.

En cuanto a las relaciones sociales, los adolescentes prefieren pasar tiempo con sus pares, uno de los rasgos más característicos es buscar aceptación del grupo, tienen la necesidad de sentirse reconocidos, por esto buscara de diferentes maneras ser tenido en cuenta.

Referencias

  • Gaete, V. (2015). Desarrollo psicosocial del adolescente. Revista chilena de pediatría, 86(6), 436-443.
  • Montes, Y. S., Prettel, M. G., & Boutureira, M. T. (2018). Las emociones en la vida universitaria: análisis de la relación entre autoconocimiento emocional y autorregulación emocional en adolescentes y jóvenes universitarios. Psicogente, 21(40), 422-439.
  • Torralva, T. (2019). Cerebro adolescente. Ediciones Paidós. 
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