Cuando culturalmente se piensa en narrativas transmedia, más allá de los referentes inmediatos, existe un universo ficticio popular que, desde su génesis, tenía la obligación de extender su mitología hacia otras plataformas; sin embargo, fue concebido muy temprano respecto a la configuración teórica transmedia. Además, una secuencia de serendipias sería el catalizador de su irrupción en nodos narrativos diferentes al medio original… El mythos en cuestión es Doctor Who (1963).

Si bien no es una serie célebre en nuestras latitudes —por eso me voy a extender en el contexto—, Doctor Who no solo ha pervivido al tejido espaciotemporal que aborda en su relato, sino a sus propias circunstancias. Creado por Sydney Newman y Verity Lambert para la British Broadcasting Company (BBC), el concepto, el cual debutó con el serial An Unearthly Child (1963), sigue desde entonces a El Doctor, un alienígena procedente del planeta Gallifrey, quien viaja a través del cronotopo a bordo de una TARDIS, una nave espacial endémica de los Señores del Tiempo, la raza del Doctor.

La TARDIS (Time and Relative Dimension in Space) tiene una particularidad cuántica: es más grande por dentro que por fuera. Asimismo, la máquina que el Doctor hurtó para escapar de Gallifrey está averiada; ella no suele ir adonde su piloto quiere o la dirige —sino adonde él lo necesita (The Doctor’s Wife, 2011)—. Y, en adición, como su dispositivo camaleónico tampoco funciona, la TARDIS del Doctor siempre tendrá la apariencia de una cabina policiaca azul.

TARDIS

Contemplada originalmente solo como una serie educativa que combinara divulgación histórica y científica a través de los viajes en el tiempo. Hoy, con más de seis décadas de emisión —no ininterrumpidas— y 800 episodios, es la serie de ciencia ficción de mayor duración en la historia de la televisión y uno de los universos narrativos más extensos de la cultura popular anglosajona. No obstante, su construcción narrativa no se ha limitado solo a la televisión. Como el universo mismo, también se ha expandido. Porque tuvo que hacerlo.

Desde sus primeros años, varios elementos se han incorporado a la mitología canónica de Doctor Who. Por ejemplo, para reemplazar al envejecido actor original, la producción creó el concepto de la Regeneración: dentro del Whoniverse, un Señor del Tiempo, al morir, o cuando su cuerpo llega al límite de lo que puede sostener, no desaparece, sino que se transforma. Su apariencia cambia por completo, dando lugar a una nueva cara, una nueva voz, una nueva personalidad.

Los recuerdos permanecen; todo lo demás se regenera. William Hartnell, el primer Doctor, le cedió el mando de la TARDIS a Patrick Troughton, el segundo Doctor. Hasta la fecha, el personaje ha tenido quince encarnaciones televisivas principales, cada una con su propio actor, registro y arco narrativo. De igual manera, más características del Doctor y de su mundo se han ido agregando a medida que el relato se fue extendiendo en el tiempo. Enemigos, mundos, habilidades y herramientas, aliados, secretos, sombras siguen revelándose aún 63 años después de su primera aparición televisiva.

Pero, contexto aparte, ¿por qué Doctor Who es un caso transmedia —y uno muy complejo de analizar y seguir, por cierto—? Para el momento de la historia contemporánea en el que Henry Jenkins recién estaba desarrollando los criterios de las narrativas transmedia, Doctor Who estaba lidiando con un punto de giro extradiegético: Survival (1989), ya con Séptimo Doctor (Sylvester McCoy), marcaría el fin de la etapa clásica de la serie, pues la BBC, como casa matriz, decidió en ese entonces suspender su producción.

Paradójicamente, Doctor Who expandió su historia a raíz de este agujero negro… Este hiato sería aquel evento que impulsaría la ampliación del mito a través de medios diversos al formato televisivo: cuando la serie televisiva volvió a la pantalla chica con Rose (2005), esta no retomó con el desenlace de Survival, sino que se nutrió de lo hecho en otros medios durante esos 16 años de hibernación. En el comienzo de la etapa moderna, el Doctor ya estaba en su novena encarnación oficial (Christopher Eccleston). Entonces, ¿qué pasó con el Octavo Doctor?

Hacia 1996, en un intento por revivir la serie, se produjo un telefilme. Allí, el Séptimo Doctor se regenera en su siguiente versión: Paul McGann fue presentado como el nuevo Doctor. Ahora, si bien el proyecto no supuso el rescate de Doctor Who debido a su baja acogida, es uno de tantos «Rabbit Holes» dentro de su cosmogonía transmedia. De todas las reencarnaciones oficiales del Doctor, el Octavo ni siquiera protagoniza un episodio de televisión. Su tiempo en pantalla no ha de superar las dos horas…

Aun así, la historia del Octavo Doctor no terminó en ese infructuoso proyecto. Su relato, donde ha gozado de mayor trascendencia, ha sido en los audiolibros. Durante la pausa prolongada del serial televisivo, la BBC le otorgó la licencia a Big Finish Productions, una compañía independiente de ellos, para que el universo continuara en audio. Su primera producción fue The Sirens of Time (1999), con los Doctores Quinto, Sexto y Séptimo. Desde entonces ha producido más de 1.000 lanzamientos.

Big Finish opera con los actores originales de la serie, expandiendo la historia no solo del Doctor, sino de sus acompañantes —El Doctor no viaja solo en la TARDIS; usualmente se mueve por el cronotopo con británicos— y antagonistas. Este nodo opera por rangos temáticos: el Main Range (historias del universo Clásico), Eighth Doctor Adventures, Fourth Doctor Adventures, War Doctor, Tenth Doctor Adventures, Doom Coalition, Stranded, entre muchos otros. Cada rango tiene su propia continuidad y arco narrativo. Análogamente, Big Finish ha extendido el microuniverso de los Doctores de la era Clásica, creando narraciones canónicas para el Primer, Segundo, Tercer Doctor (aunque sus intérpretes ya estén muertos), Cuarto Doctor —Tom Baker, quizá la reencarnación más popular de todas— o para el Sexto Doctor (cuya salida de la serie se dio de manera abrupta).

Out of Time – Audiodrama
Con el Cuarto Doctor (Tom Baker) y el Décimo Doctor (David Tennant)

Respecto al Octavo Doctor, su microrrelato ha visto la luz principalmente en este formato y en las novelizaciones. Sus acompañantes —cada Doctor tiene diferentes, aunque algunos hayan hecho la transición entre reencarnaciones— Charley Pollard, C’rizz, Lucie Miller, Liv Chenka, Helen Sinclair, no tienen aparición dentro de la serie televisiva. Solo menciones… Su incorporación al canon se da a razón de los propios audiolibros y de otras plataformas con su presencia.

El Octavo Doctor recién regresaría a la pantalla —aunque no la del televisor— en el minisodio The Night of The Doctor (2013). Esta pieza de siete minutos, estrenada en la plataforma BBC iPlayer, funcionó como un preludio al especial del 50.º aniversario del Universo Who —para entonces, el líder de la TARDIS ya era el Undécimo Doctor, Matt Smith—. En este fragmento, el Octavo Doctor está ya inmerso en la Guerra del Tiempo, un concepto principalmente abordado por Big Finish, originado durante la hibernación de la serie en las pantallas de la BBC. The War Time corresponde a la cruenta y mítica batalla entre los Señores del Tiempo y los Daleks, una de tantas razas enemigas del Doctor.

En The Night of The Doctor precisamente, el Octavo Doctor debe regenerarse tras sufrir una letal colisión. El detalle está en que esta versión no se convierte en el Noveno Doctor, sino en el Doctor Guerrero —interpretado por el legendario John Hurt—. Esta anomalía secuencial se explica porque el Doctor abandona su nombre y su misión para combatir en esa Guerra del Tiempo. Una pugna que él mismo terminó, aniquilando tanto a su propia progenie como a los Daleks. En su regreso en 2005, el noveno rostro del Doctor recupera su título, aunque también se reconoce como el último Señor del Tiempo…

Dalek

Con todo esto, es preciso declarar que, desde un principio, la Tierra —y la televisión— se quedaba corta para satisfacer las necesidades narrativas de un concepto tan universal, literalmente, como Doctor Who. Pero sería injusto consagrar que desde la licencia de Big Finish, esta historia se convirtió en un relato transmedia; con certeza se puede ponderar que Doctor Who es un referente prototransmedia (transmedia antes de la transmedia, mucho antes de que Henry Jenkins fuera Henry Jenkins).

Y es que a los pocos años de su estreno, la propia producción y los Whovians —adjetivo acuñado para destacar a los fanáticos de Doctor Who—, ya sentían la necesidad de extender el mythos de la serie. Hacia 1973 ya había novelizaciones de los episodios televisivos, con la salvedad de que en este formato había añadiduras que un capítulo podía pasar por alto. Terrance Dicks, escritor de la serie, supo participar de estas extensiones. Tiempo después, cuando la serie regresó en 2005, BBC y New Series Adventures relanzaron las novelizaciones también. Aquí yace una contribución diferencial constante en las eras de Doctor Who, dando acceso además a la subjetividad del personaje. El Doctor por dentro. Sus dudas, su arrogancia, su soledad…

Serie de televisión, spinoffs (Torchwood, The Sarah Jane Adventures, Class), novelizaciones, audiodramas y cómics, saben ser escenarios donde la cosmogonía Who se ha perpetuado. Además, en su momento, en la década de los setenta, Doctor Who Weekly —luego Doctor Who Magazine— suponía un espacio donde los fanáticos participaban proactivamente en el debate y en la construcción de relatos paralelos, incluso si el canon no les perteneciera. Fueron prosumidores tempranos, incluso cuando esta noción no existía. Es una de tantas expresiones de la inteligencia colectiva que se manifiesta en la Experiencia Who.

Algo que vale la pena destacar es que la BBC, como entidad de servicio público, no puede incorporar a la serie televisiva eventos transmedia que requieran compras previas para ser comprendidos plenamente. Ya de por sí el canon de la serie es contradictorio dentro de su diégesis (The Timeless Children, 2020), la historia trasciende su límite televisivo.

Por ejemplo, en mi caso, a la fecha he elaborado más de 30 conceptos argumentales para Doctor Who, aún sin la esperanza de siquiera materializar alguno. En una de estas ideas intento resolver el gazapo lineal canónico justamente producido en The Timeless Children —en estos episodios, propios de la Decimotercera Doctora, se revela que antes de la primera encarnación, aquella interpretada por William Hartnell, hubo más Doctores—. En otra historia, llevo al Doctor hasta Colombia. En busca de El Dorado. ¿Por qué? Para combatir a los Cybermen, otra de sus razas enemigas, la cual se debilita al estar en contacto con el oro…

Cyberman

No obstante, de las mayores participaciones de los fanáticos en la inmortalidad del mito se deriva por otro desplante que la BBC supo tener con uno de sus productos insignia: durante los años sesenta y setenta, la emisora practicaba de manera rutinaria la destrucción de sus propias grabaciones. Para Doctor Who es uno de los casos de pérdida de patrimonio audiovisual más significativos de la historia de la televisión: 97 episodios de la era Clásica están desaparecidos del archivo fílmico, la mayoría pertenecientes al Primer y Segundo Doctor.

Algunas historias han sido recuperadas parcialmente a través de los años — en emisoras extranjeras, en colecciones privadas, en archivos de países a los que la BBC había vendido los derechos de emisión. En 2013, episodios de Enemy of the World y The Web of Fear (1968) fueron encontrados en Nigeria, por ejemplo. La búsqueda continúa…

Para subsanar semejante atrocidad histórica, la BBC, productoras independientes y algunos fans han intentado reconstruir el material perdido desde grabaciones caseras o los guiones de los seriales. Del material perdido se han elaborado híbridos de radioteatro e intentos de reconstrucción animada y documental. Aquí ya no se trata de expandir el mito como lo demanda la transmedia, sino de recuperarlo. A Doctor Who se le ha tenido que revivir varias veces.

Dentro de lo que supone el concepto transmedia, se puede afirmar que Doctor Who ya vivía el sistema en la práctica mucho antes de que fuera teoría. Y es que la naturaleza del concepto siempre ha exigido que su narración fuera más allá de su nodo original, aun cuando en su diseño original el programa solo debía ser educativo.

A su vez, Doctor Who es uno de esos universos que se puede expandir a perpetuidad, de manera orgánica, sin responder siempre o necesariamente a una obligación lucrativa: para nosotros, hay demasiadas fisuras en el tejido espaciotemporal por descubrir, por explorar. Puede que en la serie de televisión ya se hayan producido más de una docena de regeneraciones, pero la historia del Primer, Segundo, Tercer… hasta el Decimoquinto —su rostro televisivo más reciente— no ha terminado. Siempre queda algo por explorar de cada uno de ellos. De sus acompañantes. De sus enemigos. De los mundos que a su vez descubren.

Lo curioso dentro de todo es que su condición prototransmedia no se deriva desde el principio, sino desde la amenaza de que todo acabara —la hibernación entre 1989 y 2005—. La BBC no dice cuándo o cómo acaba Doctor Who, porque la experiencia de cada Whovian ya no le pertenece. Quizá nunca lo hizo. Pues su mito es infinito; el Doctor, a excepción de nosotros, tiene todo el tiempo y el espacio a merced…

Esteban Jiménez M.

T0 dieron "Me gusta"Publicado en Transmedia

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