El desarrollo en el adulto: implicaciones y cambios presentes en la etapa de la adultez.

Por: Sandra Milena De Léon Anaya, Armando Alfonso Padilla Acosta, Lía Vanessa Pérez Arroyo y Carol Andrea Torres Marín.

Generalmente, cuando se habla de adultez se piensa en aquella etapa en la que el individuo ha culminado el proceso de desarrollo. Sin embargo, esta es una concepción que sesga y limita lo que verdaderamente implica el desarrollo y la adultez. Si bien el sujeto alcanza diversas capacidades complejas –ya sean físicas, cognitivas o sociales–, que son producto del desarrollo, así como, inevitablemente, manifiesta deterioro en algunas funciones, esto no supone que el desarrollo finalice completamente al iniciar la etapa adulta. Entonces, ¿qué aspectos influyen en el desarrollo adulto? ¿Qué implica el desarrollo, y hasta qué punto logramos desarrollarnos?

En primera instancia, el desarrollo es concebido como un proceso continuo de cambio adaptativo en el comportamiento que se da a lo largo de la vida (Papalia et al., 2009); es decir, es persistente y progresivo, de manera que los individuos están en constante desarrollo desde el día que nacen, hasta que mueren. De igual forma, el desarrollo depende en gran medida de la maduración, tanto cerebral como física, y del aprendizaje, mediado por la experiencia.

Por otro lado, entendemos la adultez como un proceso de maduración caracterizado por cambios a nivel físico, psicológico, y cognitivo. Es un período que implica tanto pérdidas como ganancias; aunque, regularmente la percepción que se tiene de un adulto –y en especial de los adultos mayores– suele relacionarse con las pérdidas más que con las ganancias, y además de eso, con la idea de que el proceso de desarrollo se detiene completamente, pues se dice que el individuo alcanza el límite de sus capacidades. De hecho, autores como Sigmund Freud tenían la concepción de que el desarrollo finaliza al comenzar la pubertad, enfocándose más que todo en la etapa de la infancia y en los cambios allí evidenciados. Sin embargo, los estudios demuestran que los seres humanos continúan desarrollándose hasta los últimos días de su vida.

De esta manera, el desarrollo es un sistema progresivo y de adaptación que continúa llegada la adultez. Ahora bien, ¿a qué nos referimos con adaptativo? Esto quiere decir que se ajusta a las condiciones sociales y ambientales de la persona. En otras palabras, depende de su ambiente y de su entorno. Del mismo modo, se hace importante la capacidad de afrontamiento a las demandas del entorno, ya que esto refleja el grado de madurez que tenga la persona a nivel psicológico y le proporcionará la capacidad de ajustarse y asumir roles en la sociedad. Esto a su vez tiene influencia en la autoestima, la capacidad física, el intelecto, e incluso en la construcción de la identidad, demostrando la importancia de cada una de las dimensiones que rodean al ser humano y de qué manera lo afecta. De acuerdo con esto, el contexto en el que el individuo se desenvuelve y con el que se encuentra en contacto, va a influir de una manera significativa en su desarrollo, pues éste y su conducta estarán moldeadas por los factores y aspectos del entorno que impactan directamente en el sujeto, por lo que, no podemos reducir el desarrollo estrictamente al aspecto biológico, refiriéndonos a este último como las características innatas, físicas y genéticas del individuo. Entendido esto, tampoco podemos decir que uno es más importante que el otro, pues todos tienen el mismo grado de relevancia, y en conjunto posibilitan el desarrollo en la adultez y en todas las etapas de la vida.

Por otro lado, el desarrollo, o en general, el “crecer” y “madurar” son conceptos que suelen reducirse a la edad cronológica, que no es más que el tiempo representado en años; sin embargo, en palabras de Papalia et al., (2009) el paso del tiempo en sí mismo no causa desarrollo, de hecho, el ritmo del desarrollo es distinto para cada persona, independientemente de los años. Este proceso de maduración se da de forma flexible y multidimensional, es decir, durante todas las fases del desarrollo se producen diversos cambios que moldean al ser humano; esto implica obtener nuevos aprendizajes o habilidades y abandonar otros que no están enmarcados dentro del contexto actual y que por lo tanto, no ponemos en práctica. Con lo anteriormente dicho, cada individuo difiere en cuanto a las capacidades cognitivas, las vivencias y al perfeccionamiento en determinada área; ya sea en un entorno laboral, educativo y familiar.

Como bien se dijo, la adultez supone tanto pérdidas como ganancias, y su desarrollo va a depender de las condiciones biológicas y ambientales. Los seres humanos a medida que vamos creciendo, experimentando y adaptándonos a las condiciones del entorno, comenzamos un desarrollo físico e intelectual. Es decir, a lo largo de nuestra etapa de crecimiento percibimos cambios madurativos a nivel físico y cerebral, y asimismo, vamos adquiriendo nuevos conceptos y formas de adaptación social, integrándonos a un sistema de cambios continuos que nos llevan a un aprendizaje constante y a la búsqueda de nuestra identidad; son las conductas que accionamos en nuestro medio y los acontecimientos vividos a lo largo de nuestra existencia los que nos hacen crear nuestra propia personalidad. Todos estos cambios tienen una gran importancia, pues no sólo construyen al adulto y a la persona en sí misma, sino que también, es la absoluta evidencia y representación del desarrollo.

Este blog es producto de la asignatura de Desarrollo Humano: Adultez del Programa de Psicología de la Universidad del Magdalena. Docente: Johana Bocanegra Sandoval.

Referencias

Papalia, D., Sterns, H., Feldman, R., y Camp, C. (2009). Desarrollo del adulto y la vejez. Editorial McGraw-Hill.

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