Desde que inicié mi formación en Cine y Audiovisuales, me encontré con una sorpresa constante, si el docente no explicaba la película, gran parte de los estudiantes no la entendía. Recuerdo vívidamente una clase de Historia del Cine II con el profesor Guillermo. Desde la última fila de la sala «La Langosta Azul», pude observar cómo, mientras se proyectaba una obra que para mí era fascinante, varios compañeros se quedaban dormidos y otros la veían con evidente desgano o pendiente del tel.
Al encenderse las luces y abrirse el debate, la conclusión fue unánime: a nadie le había gustado. Al indagar en los motivos, la respuesta fue simple, no la entendieron y, por lo tanto, les pareció aburrida. Aquella película era una pieza magistral en su escenografía, el uso de los colores y las sombras; era, en esencia, pura psicología y psicoanálisis visual. Sin embargo, sin las herramientas para decodificarla, la experiencia se perdió.
Para ilustrar este punto, tomemos como ejemplo una obra maestra como «Persona» (1966) de Ingmar Bergman. Si usted entra a ver esta película esperando una estructura de «recompensa rápida» o una trama masticada, lo más probable es que termine acompañando a los compañeros de la última fila en su siesta.
Sin embargo, cuando usted posee las herramientas de la psicología audiovisual, entiende que Bergman no está filmando una simple charla entre dos mujeres; está retratando el concepto de la «máscara» (Persona) de Jung y la transferencia de identidad. En ese momento, la película deja de ser «lenta» o «aburrida» y se convierte en un campo de batalla mental fascinante. El problema no es el ritmo del director, es nuestra capacidad de decodificar lo que estamos viendo.
Esta situación me llevó a una reflexión que he confirmado semestre tras semestre. Muchos docentes les preguntan, “¿Cómo es posible que estudien cine sin ver cine?”. La respuesta es que ver cine no es solo un acto pasivo. Al consumir cine de forma constante y consciente —como he hecho desde mi infancia, viendo al menos una película diaria— uno empieza a notar detalles que para el ojo común pasan desapercibidos.
Del cine se aprende de todo, psicología, ciencia, contabilidad, política, historia, justicia, etc. Hay películas para todas las mentes y temas para todos los cerebros. Actualmente, contamos con estudiantes excepcionales en el manejo técnico y de herramientas de creación, pero ¿qué sucede cuando la técnica no tiene un trasfondo humano profundo?
Nuestro cerebro, por naturaleza, busca ahorrar energía. El cine comercial nos ofrece «recompensas rápidas» con fórmulas masticadas que no requieren esfuerzo. Por el contrario, el cine de autor o el cine psicológico utiliza la disonancia cognitiva, nos presenta vacíos y silencios que nos obligan a trabajar. Si sentimos «pereza» ante estas obras, no es por falta de talento, es porque nuestra «arquitectura mental» no ha sido entrenada para procesar esa complejidad.
Como creadores, no podemos permitirnos ser simples técnicos. Entender la psicología audiovisual es el manual de instrucciones para dominar nuestro oficio. Es lo que nos permite pasar de una imagen bonita a una imagen que transforma al espectador. Si no comprendemos cómo reacciona el sistema nervioso a nuestros estímulos, estamos disparando a ciegas.
El cine que nos obliga a pensar no es aburrido; es un nivel superior de juego. Es el espacio donde dejamos de ser espectadores pasivos para convertirnos en analistas críticos. El reto para nosotros, como futuros cineastas, es dejar de subestimar al público y empezar a diseñar experiencias que desafíen su inteligencia y toquen su psique.
Es curioso notar que, a pesar de ser una pieza clave para crear personajes profundos y contenidos con sentido crítico, la psicología audiovisual no se profundiza de manera sistemática si no que se toca por encima en cada materia. Se nos enseña a manejar la cámara, pero no a manejar la mente del espectador.
No se para Uds., pero para mí la psicología en lo audiovisual juega un papel muy importante en el cine me ayuda y me a ayudado en crear a entender lo que un director quiso decir en una película o darle profundidad a un guion o creación audiovisual.
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