A lo largo de la historia ha habido muchos movimientos sociales que, fundamentalmente, se organizan y consolidan para ser interlocutores de un poder dominante. En general, se organizan para interpelar ese poder y, en ese ejercicio, desarrollan una praxis política orientada a la transformación de estructuras opresoras. De lo contrario, esta tarea no tendría el mismo sentido en Colombia, donde hemos tenido al menos desde 1946 un conflicto armado y condiciones en las que no ha sido fácil consolidar la idea de que un poder dominante puede no ser opresor y que deben existir transformaciones.
Por eso, a lo largo de esa historia, muchos de los integrantes de los movimientos sociales han sido campesinos, indígenas, afrodescendientes, entre otros, que, al mismo tiempo que lograban consolidarse como interlocutores del poder dominante, fueron perseguidos, desplazados, asesinados y desaparecidos.






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