Un movimiento social exitoso es aquel que deja de existir, ya que logró su cometido y consiguió transformar una injusticia, una opresión, una dictadura o un desequilibrio. Los movimientos sociales no son solo instrumentales, sino que tienen un propósito que no debe perderse. Hay movimientos que se han consolidado en el tiempo y han alcanzado algunos de sus objetivos porque han avanzado de manera gradual, como el movimiento feminista, que comenzó con la lucha por el sufragio, así como el movimiento indígena, el ecologista, el pacifista, entre otros.
Todos los movimientos que se han mantenido a lo largo de la historia y que aún no han cumplido plenamente sus propósitos continúan luchando por alcanzar cambios, justicia y superar desigualdades. La permanencia de estas luchas no es necesariamente un factor de éxito, pero sí de consolidación, ya que sus objetivos están relacionados con transformaciones estructurales que implican cambios de sistema y procesos que se transmiten de generación en generación.






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