En Colombia, el tema de la protesta a veces pierde no solo el poder de la noviolencia, sino también su significado y simbolismo por muchos factores. El primero es que a la protesta se le suman múltiples reclamos; el objetivo de la protesta no tiene un solo propósito que se pueda concretar, sino muchos objetivos diversos, lo que dificulta la construcción de una mesa de concertación. Lo segundo es la normalización de la protesta. Esta debe molestar e incomodar, ya que busca llamar la atención. Sin embargo, cuando se normaliza, puede ser respetada, pero no necesariamente logra transformar o incidir sobre aquello que se pretende cambiar.
El propósito no es protestar en sí mismo, sino lograr una transformación. Por eso, es importante pensar en los mecanismos que utilizamos para que no se pierda el llamado de atención que se busca generar y para mantener una coherencia entre los medios y los fines.






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