Estudio de Caso Expansión hidroeléctrica Røldal–Suldal, Noruega

En el suroccidente de Noruega, en una región montañosa de baja densidad poblacional, se encuentra el sistema hidroeléctrico Røldal–Suldal. Este territorio está marcado por inviernos largos, ciclos estacionales definidos y ecosistemas frágiles que dependen del equilibrio entre nieve, agua y vegetación.

Desde la perspectiva del Nexo Agua-Energía-Alimento (AEA), este paisaje puede entenderse como un sistema profundamente interdependiente: el agua sostiene los ecosistemas de montaña, hace posible la generación de energía hidroeléctrica y mantiene las condiciones ecológicas necesarias para distintas formas de subsistencia y uso del territorio. Aquí, el agua no es únicamente un recurso técnico para producir electricidad; es la fuerza que estructura el paisaje y sostiene prácticas humanas como el turismo, la caza, el pastoreo y el uso estacional del territorio.

Sin embargo, este equilibrio está cambiando. Actualmente se propone una expansión del sistema hidroeléctrico existente con el objetivo de aumentar la capacidad energética y responder a nuevas demandas del sistema eléctrico nacional y europeo. En particular, el proyecto busca fortalecer el uso de hidroelectricidad de bombeo, una tecnología que permite almacenar energía moviendo agua entre embalses según las necesidades del mercado eléctrico.

Una forma sencilla de entenderlo es pensar este sistema como una gran batería de agua: se “carga” cuando el agua es bombeada hacia arriba y se “descarga” cuando el agua desciende nuevamente para generar electricidad. Este mecanismo permite almacenar energía y utilizarla en momentos de alta demanda, facilitando así la integración de fuentes renovables variables como la energía eólica y solar.

Desde una perspectiva técnica, esta expansión representa una solución estratégica para la transición energética europea, ya que aporta flexibilidad y capacidad de almacenamiento al sistema eléctrico. Sin embargo, desde el enfoque del Nexo AEA, el proyecto también evidencia cómo las decisiones energéticas transforman los ciclos hidrológicos y, con ello, las condiciones ecológicas y sociales del territorio.

La energía depende directamente del agua, pero modificar la gestión del agua implica alterar ecosistemas, paisajes y formas de vida que dependen de la estabilidad de esos sistemas naturales.  Por esta razón, la expansión del sistema Røldal–Suldal ha generado un conflicto que va más allá de la producción de energía.

Actores locales, autoridades municipales y organizaciones ambientales han cuestionado los impactos potenciales del proyecto, señalando que podría transformar el paisaje, alterar los ciclos naturales del agua y comprometer el uso del territorio a largo plazo. Este tipo de tensiones se conoce como un conflicto “verde contra verde”: situaciones en las que distintos objetivos ambientales —como la transición energética y la protección ecológica— entran en conflicto en lugar de reforzarse mutuamente.

Uno de los cambios más importantes introducidos por esta expansión tiene que ver precisamente con la forma en que el agua es gestionada. Tradicionalmente, los sistemas hídricos de montaña responden a ritmos ecológicos relativamente previsibles, determinados por las estaciones, el deshielo y las lluvias. Sin embargo, con la hidroelectricidad de bombeo, el agua comienza a moverse según una lógica distinta: responde a señales del mercado energético y a fluctuaciones en la demanda eléctrica.

En otras palabras, el mercado —aunque no esté físicamente presente en el territorio— pasa a influir directamente sobre los flujos de agua y sobre el funcionamiento de los ecosistemas de montaña. Desde el enfoque del nexo, esto refleja cómo la infraestructura energética puede reconfigurar sistemas hídricos completos, alterando procesos ecológicos que también sostienen actividades humanas y biodiversidad.

Cuando el paisaje cambia —por variaciones en los niveles de los embalses, nuevas infraestructuras o alteraciones en los ciclos hidrológicos— también cambian las condiciones que hacen posible la movilidad y supervivencia de las últimas poblaciones de renos salvajes de montaña en Europa que habitan esta región. La alteración de estos ciclos afecta no solo la biodiversidad, sino también las relaciones históricas entre comunidades humanas y territorio.

Aunque esta región no se caracteriza por una agricultura intensiva, la dimensión de “alimentos” dentro del Nexo Agua-Energía-Alimento sigue siendo relevante a través de distintas formas de subsistencia y uso ecológico del territorio. Entre ellas se encuentra el pastoreo extensivo de ovejas —y en menor medida de ganado bovino y cabras— desarrollado mediante sistemas tradicionales conocidos como summer farms o explotaciones estacionales de montaña.

En estos sistemas, los animales pastan libremente durante los meses más cálidos en áreas de montaña, aprovechando los ciclos naturales de nieve, agua y vegetación. La región también sostiene prácticas tradicionales de caza y aprovechamiento del territorio, incluyendo la caza de alces (moose hunting), ciervos y pequeños animales de montaña, actividades que forman parte tanto de la economía local como de las tradiciones culturales rurales. La disponibilidad de fauna silvestre depende directamente de la estabilidad de los ecosistemas, de los ciclos hidrológicos y de las dinámicas de vegetación que estructuran estos paisajes de montaña.

Esto demuestra que lo que está en juego no es únicamente la relación entre agua, energía y alimento como sectores separados, sino la manera en que estos sistemas se encuentran profundamente conectados dentro de un territorio vivo. Desde esta perspectiva, la transición energética no puede entenderse solo como un desafío técnico orientado a producir más energía renovable. 

También implica preguntas fundamentales sobre gobernanza, justicia territorial y sostenibilidad socioecológica: ¿cómo producir energía sin desestabilizar los sistemas hídricos y ecológicos de los que dependen las comunidades y la biodiversidad? ¿Quién decide cómo se usan el agua y el territorio? ¿Y qué formas de vida son priorizadas o sacrificadas en nombre de la transición verde?

Gobernanza: concesiones, escalas de decisión y disputas por legitimidad

Para entender el conflicto en Røldal–Suldal, es necesario preguntarse: ¿quién decide sobre el territorio, el agua y la energía? La expansión del sistema hidroeléctrico es el resultado de un proceso de gobernanza en el que participan distintos actores, con intereses, niveles de poder y formas de entender el territorio muy diferentes. En este caso, los principales actores son:

  • empresas energéticas como Lyse, que impulsan el proyecto,
  • el Estado y las autoridades nacionales, que regulan y autorizan, y las autoridades locales y actores sociales, que viven directamente los impactos.


La forma en que se toman estas decisiones hoy está marcada por la historia. El sistema Røldal–Suldal fue desarrollado principalmente en las décadas de 1950 y 1960, en un contexto en el que la expansión hidroeléctrica era vista como un motor del desarrollo nacional. En ese momento, las decisiones eran altamente centralizadas y se justificaban en nombre del progreso, la industrialización y el bienestar colectivo.

 

T0 dieron "Me gusta"Publicado en Blog, Norcol

Comentarios

Artículos relacionados

Estudio de Caso La Cuenca del Río Otún, Colombia

Visitas totales:   0 Desde una perspectiva normativa, en Colombia los límites político-administrativos suelen coincidir con elementos orográficos, es decir, los territorios (municipios, departamentos, regiones)

Bloque 10
Bloque10
Innovafest-elevador
Innovafest B10
isotipo Kit-diseño
Diseño Educativo
elevador-digicomp
DigicompB10
storem-hub-boton
Storem
saber-11-hub-boton
Saber 11
Algarrobo
Sedes Digitales
capazde nivel
Capazde
icon-elevador-sostenibilidad
Sostenibilidad
teams logo
Teams

Elevador