Durante la época de la encomienda, las formas de gobierno y organización impuestas trasladaron el conocimiento y la autoridad hacia los cabildos, lo que provocó que los mamus dejaran de ejercer muchas de sus funciones tradicionales dentro de las comunidades. Sin embargo, en lo más profundo de la cultura indígena ese conocimiento ancestral continúa vivo y se sigue cultivando. Desde esta visión, la Sierra es entendida como un conjunto de deidades y grandes creadores encarnados en la naturaleza.
La desconexión con el territorio y con el lugar al que pertenecemos ha provocado que muchas veces las comunidades indígenas sean vistas como piezas de museo y no como pueblos vivos, conectados espiritualmente con su entorno y con la naturaleza que los rodea.
La cultura comienza desde el reconocimiento. Como pueblos de tradición oral y de diálogo, su conocimiento nace de la relación con la naturaleza y se transmite de generación en generación con el propósito de mantener y reivindicar esa sabiduría ancestral. La falta de escucha entre comunidades y sectores de la sociedad impidió durante mucho tiempo que se produjeran cambios reales. Sin embargo, al reivindicar a los siete pueblos originarios y crear la mesa de la noviolencia, comenzaron a trabajar desde sus propias tradiciones, culturas y cosmovisiones, construyendo espacios de diálogo y reconocimiento mutuo.






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