Los búhos, hermosas aves, poseen adaptaciones que favorecen sus actividades en la oscuridad. Son cazadores principalmente nocturnos.

Por su parte las alondras, pájaros cantores, poseen un reloj biológico que los hace ser muy madrugadores.

Al igual que ellos, los seres humanos también nos hallamos bajo la influencia de un reloj interno. Éste es capaz de afectar los periodos de sueño y vigilia, permitiendo alternar etapas de actividad neuronal intensa con otras de depuración sináptica y recuperación.

Sin embargo, no todos los individuos guardan ciclos similares. Se sabe que existen ciertos condicionamientos genéticos, y también factores ambientales, que se relacionan con estas diferencias. Uno de estos factores es la exposición a la luz.

Ciertas personas poseen un cronotipo “alondra”. Estos individuos se levantan temprano, cargados de energía, y presentan un máximo de productividad en horas cercanas al mediodía.

Por su parte, hay quienes poseen el llamado cronotipo “búho”. Para estos individuos madrugar puede resultar una absoluta pesadilla. Los búhos sencillamente son nocturnos, y operan con mayor facilidad en horas avanzadas del día, alcanzando por la tarde-noche su clímax productivo.

Se estima que tanto búhos como alondras representan en conjunto al 40% de la población. El otro 60% integra un cronotipo intermedio, los denominados “colibríes”.

Foto Unsplash Niranjan Venkatesh

Sin embargo, la mayor parte de las actividades cotidianas se organizan durante las horas del día. Es así como los búhos, quienes se duermen más entrada la noche, suelen iniciar el día sin haber completado un tiempo suficiente de sueño reparador. Y aquí está la clave.

Una investigación científica internacional evidenció que una proteína que regula el ciclo de sueño y vigilia de los seres humanos está modificada en aquellas personas que se duermen de madrugada. “El mensaje de este descubrimiento, es en parte, destacar la diversidad y considerar que muchas personas son forzadas a una norma que no corresponde a su organismo biológico”, señala al respecto, el neurocientífico y académico de la U. de Chile, Pedro Maldonado.

Fuente: https://uchile.cl/u170286

Implicancias en los aprendizajes

El sueño tiene efectos importantes sobre la inmunidad y en los procesos de reparación celular. Se sabe que durante el sueño se restaura el equilibrio en las sinapsis neuronales, lo que a su vez aumenta el rendimiento. Y es también durante el sueño que se refuerzan las memorias.

“los períodos de sueño juegan un papel fundamental en eliminar el “ruido” (o información innecesaria) y así poder confrontar la información nueva con aquella previamente establecida en nuestro cerebro, y de una manera sistemática analizar colecciones completas de “memorias” almacenadas previamente, para ponerlas en conjunto y así darle el significado apropiado de acuerdo con la nueva información recibida”
Acosta MT. Sueño, memoria y aprendizaje. MEDICINA (Buenos Aires) 2019; Vol. 79 (Supl. III): 29-32

Y tú, ¿eres acaso búho o alondra? …

ENLACES de interés

Laboratorio de Sueño y Memoria del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA). En cabeza de la Dra. en Ciencias Biológicas Cecilia Forcato (UBA), abre periódicamente espacios a la comunidad en forma de cursos y workshops, con el fin de profundizar el estudio de esta apasionante área del conocimiento https://www.labsuenoymemoria.com/

Test de autoevaluación de matutinidad/vespertinidad (CRONOLAB, Universidad de Murcia) https://www.um.es/cronobiologia/taller-del-relojero/autoevaluacion/test-matutinidad-vespertinidad/

Aguilar Mendoza, L. Ángel, Caballero, S., Ormea, V., Salazar, G., Loayza, L., & Muñoz Jauregui, A. (2017). La importancia del sueño en el aprendizaje: visos desde la perspectiva de la neurociencia. Avances En Psicología, 25(2), 129-137. https://doi.org/10.33539/avpsicol.2017.v25n2.34

Huber R, Ghilardi MF, Massimini M, Tononi G. Local sleep and learning. Nature. 2004 Jul 1;430(6995):78-81. https://doi.org/10.1038/nature02663 Epub 2004 Jun 6. PMID: 15184907.

Krause, A., Simon, E., Mander, B. et al. The sleep-deprived human brain. Nat Rev Neurosci 18, 404–418 (2017). https://doi.org/10.1038/nrn.2017.55

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