Casi todos los días Trump significa alguna mala noticia para alguien en el mundo, incluido Estados Unidos. Sin embargo, para quienes leen a Dalton sobre el fin del imperio, también representa uno de sus síntomas. Trump es visto como una señal de un imperio que busca mantenerse mientras pierde influencia militar, económica y política.
Ante este panorama surgen varias preguntas: ¿cuál es el verdadero nuevo mundo? ¿Qué otro mundo es posible construir? ¿Podemos formar parte de un nuevo internacionalismo que no gire en torno a Trump ni a las superpotencias regionales, sino al poder del pueblo y de las comunidades?
La respuesta apunta a reconocer la fuerza de los pueblos negros, latinos e indígenas, así como el poder de las mujeres, las niñas y los movimientos populares. Se trata de cambiar el guion de los poderosos y situar la solidaridad en el centro, entendida como el cuidado mutuo y el cuidado de la tierra. Desde ahí se puede pensar una construcción de paz internacional basada en las personas.






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