Para que las universidades estén a la altura de la visión socrática, deben ser lugares compuestos de diálogo y pensamiento crítico. Los profesores desempeñan un papel fundamental en este proceso y la administración estructura el tipo de discurso que se promueve, en muchos sentidos, define la visión de la institución. Independientemente de la composición del personal administrativo, los estudiantes y los espacios de participación estudiantil siempre serán la fuerza motriz de las universidades más exitosas.
Cuando existe un espacio para formar pensamiento crítico, ese pensamiento puede transformarse en acción crítica. El compromiso con la reflexión, la acción y el cambio social deben ser unos de los principales propósitos de la universidad. Aquellas instituciones que no cumplen con esta misión corren el riesgo de limitarse a la simple transmisión de información, sin generar un compromiso verdadero con la transformación de la sociedad ni con el desarrollo integral de sus estudiantes.






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