Según la Organización mundial de la salud (OMS) en 2009, define el embarazo en la adolescencia como: “sucede entre los dos años de su edad ginecológica, concibiendo este en el que transcurre desde su menarquia y/o cuando la joven todavía depende del sustento de su familia” este, se considera un problema de salud pública debido a las repercusiones biopsicosociales que tiene en la salud de la madre y el hij@.

Afecta no sólo a nivel individual, sino también a nivel social y económico. Si bien el último informe del DANE muestra una disminución de la Tasa Específica de Fecundidad (TFE) y de la fecundidad infanto-juvenil determinada entre 2015 y 2020, la pandemia de coronavirus de 2020 ha expuesto muchos casos de violencia y vulneración de derechos cometidos hacia mujeres adolescentes en el hogar. Pasó de 57,95 a 53,78 nacimientos por cada 1.000 mujeres de 15 a 19 años, lo que muestra esfuerzos del sector en ese sentido. (Ministerio de Salud Social y Protección, 2022)

Así mismo, el embarazo en niñas y adolescentes es un fenómeno con un carácter multifactorial, donde están involucrados factores de orden individual, que incluyen elementos psicosociales, socioculturales y socioeconómicos; factores interpersonales como la red de apoyo o variables familiares; y factores contextuales y estructurales como la violencia estructural, las normas sociales de género o las políticas públicas. Además, de los riesgos médicos que se pueden presentar por el embarazo, como lo es la hipertensión, parto prematuro, anemia, nutrición insuficiente, entre otros. A esto, le podemos agregar lo que según Arciniega (2021) señala acerca de esta problemática, que este fenómeno es el causante de grandes cambios físicos y emocionales, baja escolaridad, desinformación, abandono escolar, pobreza, madres ausentes y amigas con conductas de riesgo.

Para prevenir el embarazo adolescente es importante el papel de la escuela, y que en esta se tomen medidas de sensibilización y educación en el salón de clases, en donde se pueda hacer estrategias para la educación y prevención, esto es importante y dará resultados significativos con el tiempo. Así mismo, los programas educativos sobre embarazos no deseados para jóvenes continúan siendo un elemento fundamental para reducirlo; el cual tiene como objetivo implementar estrategias educativas donde los conocimientos adquiridos por el individuo se conviertan en una medida para la prevención de embarazos precoces. Por otro lado, se puede evidenciar que muchos casos de embarazos en la adolescencia son por poca o ninguna información sobre métodos de prevención y planificación familiar. Estas estrategias principalmente se imparten en recintos educativos, entre las herramientas para la realización de estas, se cuentan con talleres, charlas, actividades dinámicas, charlas, entre otros.” (Molina y Luna, 2022, p.35)

Estas estrategias deben estar diseñadas según las condiciones sociales y socioeconómicas en la que los adolescentes viven; según rosenfeld (2013) La escuela, a través de Proyectos Educativos , debe ofrecer una forma de escucharlas, tratarlas, acompañarlas, educarlas abordar la maternidad/paternidad en la adolescencia desde una perspectiva e interdisciplinar, así como impactar en sus vidas, ayudar a encontrar un nuevo sentido, establecer prácticas de atención a los “nuevos llegados” para construir un nuevo proyecto de vida.

Un ejemplo de estos programas es “cuerpo de paz” el cual es de estados unidos en donde se le enseñan a los jóvenes tomar decisiones para así, poder llevar una vida sana, cuidándose de las infecciones de transmisión sexual, el VIH y el embarazo precoz. el cual consta de 9 sesiones con sus respectivos contenidos, dinámicas y metodologías de trabajo en donde se trabaja la autoestima y la autoconfianza, hablar sobre su futuro, sexo y adolescencia, lo que es género y sexualidad, Infecciones de Trasmisión Sexual – ITS, VIH y SIDA, Prevención del Embarazo en Adolescente, Abstinencia y Buscando Mi Pareja Ideal, Condones y Métodos anticocneptivos.

El embarazo en la adolescencia provoca una crisis en los tipos de madurez que se deben aprender en esta etapa, como lo es la psicológica y social. La consolidación de la identidad se afecta ante la llegada de un nuevo rol a desempeñar, ser madre o padre, adquirir la responsabilidad en el cuidado y atención de este nuevo individuo, en un proceso de búsqueda de independencia y libertad se ve el resultado un exceso de ello, provocando según la doctora Lourdes Ibarra (2003) fracasos de las funciones de la adolescencia: como la adquisición de independencia, logro de la propia identidad, determinación del papel sexual. La madre sufre ante la pérdida de sus nuevas funciones como adolescente y se esfuerza por aceptar la maternidad.

Dependiendo del contexto se pueden dar consecuencias psicológicas según Espinoza et al. (2016) donde se involucren alteraciones en el estado de ánimo, comportamientos poco adaptativos, lo que afecta las relaciones con su entorno y fundamentalmente con el nuevo individuo. Los sentimientos que abundan son de culpa ante la irresponsabilidad, vergüenza ante la familia y los pares, miedo y enojo ante la situación, incluso el sentimiento de fracaso por el incumplimiento de logros que se deben transcurrir en esta etapa. La perdurabilidad de este desajuste emocional puede provocar cuadros de ansiedad y depresión por la instauración de sentimientos de soledad, puede ser por el abandono de las redes de apoyo y/o la incomprensión de los mismos. También la inestabilidad del reconocimiento de su identidad conlleva a una baja autoestima y frustraciones tanto personales como sociales.

Integrantes:

  • Eliana Morales
  • María Elías
  • Cristian Bernal
  • Zarick Ruiz
  • Celiana Ortiz

Referencias

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